Letra 15. Revista digital
Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid - ISSN 2341-1643

Sección TECNOLOGÍAS

Alonso Quijano y la biblioteca digital personal

Javier Fernández Delgado

Javier Fernández Delgado

Fue docente de Educación Secundaria.

Editor público, experto en edición digital.
Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Comunidad de Madrid.

Ha publicado Sacad los móviles, vamos a leer, Sacad los móviles, vamos escribir y Escuchando con los ojos en la era digital en la revista Letra 15.

javier.fernandez@madrid.org
lectodigitantes@gmail.com

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Resumen / Abstract / Résumé

Resumen.

Este artículo imagina la celebración de un Día del Libro en un centro docente, con la participación de profesores y estudiantes de bachillerato en un acto en el que se comparan la librería de Alonso Quijano de El Quijote y las bibliotecas personales digitales de la actualidad, mientras se practican diversos usos didácticos de los dispositivos móviles.

Palabras clave: libro, libro electrónico, lectura digital, escritura digital móvil, teléfonos inteligentes, didáctica, educación, lengua española, literatura, historia, bachillerato, aplicaciones informáticas, Cervantes.

Alonso Quijano and personal digital library

Abstract.

This article envisions the holding of a Book Day in a school, with the participation of high school teachers and students in a ceremony in which Alonso Quijano's library from Don Quixote and today's personal digital libraries are compared, while various educational uses of mobile devices are practiced.

Keywords: Book, ebook, digital reading, mobile digital writing, smartphones, didactics, education, spanish language, literature, history, high school, informatic apps, Cervantes.

Alonso Quijano et la bibliothèque numérique personnel

Résumé.

Cet article envisage la tenue d'une Journée du Livre dans un lycée, avec la participation de professeurs et d'élèves du secondaire lors d'une cérémonie dans laquelle la bibliothèque d'Alonso Quijano de Don Quichotte et des bibliothèques numériques personnels d'aujourd'hui sont comparées, tandis que des diverses utilisations pédagogiques des appareils mobiles sont pratiquées.

Mots-clés: livre, e-book, lecture numérique, écriture numérique mobile, les smartphones, l'enseignement, l'éducation, la langue espagnole, la littérature, l'histoire, baccalauréat, des applications informatiques, Cervantes.

 

 

...muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de desventuras dos días con sus noches, al cabo de los cuales, arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada y andaba a cuchilladas con las paredes.

El Quijote, I, V.     

 

1. Prefacio

A punto de cumplirse cuatro siglos de la muerte de Cervantes, es esta una buena ocasión para practicar el ejercicio de enfrentarlo a nuestro tiempo y situar su prosa en nuestros terminales móviles digitales, para observar qué ocurre: si sus adjetivos aguantan el cambio de edad, si sus ideas soportan el paso de los siglos y si sus ocurrencias consiguen aún la sonrisa del lector, ahora tan ocupado y no ya como antaño, desocupado. Son, el suyo y el nuestro, mundos históricos muy distintos, pero quizá el hidalgo sosegado que se convirtió en caballero andante y quiso ser un superhéroe, no esté tan lejos de nuestra sensibilidad como se suele creer, cuando juzgamos sin pensar y creemos que un clásico es un muerto, cuando precisamente es todo lo contrario, un ser que no muere, pero no un zombi, sino un vivo bien vivo, cuyo cadáver nadie es capaz de encontrar.

Imaginemos uno de nuestros institutos el Día del Libro de 2016: los profesores invitan a un experto en edición digital a conferenciar en el salón de actos, ante los alumnos de bachillerato y otros invitados, solicitando que, por favor, quien lo desee lleve su teléfono inteligente o tableta encendido, con la batería cargada y la conexión wifi activada, porque se va a utilizar en el acto y es casi imprescindible.

 

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2. Dramatización. Escena única.
En el salón de actos

 

2.1. Día del Libro de 2016

 

Estimados profesores y estudiantes, hola, buenos días. He de comenzar agradeciendo la invitación a participar en los actos de vuestro Día del Libro, que conmemora que en 1616, hace ahora cuatro siglos, murió Miguel de Cervantes. Pero lo hizo después de hacernos algunos regalos muy notables, uno de ellos, y no el menor, el de escribir como se habla, y otro, el de pensar lo que se dice, y otro, el de tener cuidado con lo que se lee, que la cabeza se calienta y se pierde el seso. ¿Recuerdan ustedes estas palabras, —y permítanme que no les tutee, como señal de respeto—, que se leen al principio del Quijote?

...él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio. (El Quijote, I, I.)

¿No es eso lo que decimos los mayores a los jóvenes cuando queremos referirnos al uso que hacen ustedes, los jóvenes, de las redes sociales, blogs, chats y aplicaciones móviles de fotografía? Que siempre están ustedes leyendo, sin levantar los ojos de las pantallas, consultando lo que llega del mundo y de amigos y conocidos. ¿Se les ha secado a ustedes el celebro (sic, así escribe graciosamente Cervantes, con ele), ¿han perdido ustedes el juicio? Es evidente que no del todo, porque si no a ver cómo es posible que saquen ustedes esas notas en el bachillerato que me dicen que sacan, espléndidas, fruto de su esfuerzo y entendimiento amén del de sus profesores, aquí presentes, que han organizado el acto. Muchas gracias otra vez.

¿Es verdad, entonces, eso que dicen, que están ustedes todo el rato leyendo, como Alonso Quijano, aunque en vez de novelas de caballerías leen mensajes de WhatsApp, tuits y otros textos de esa índole? Sé de sobra, porque tengo hijos como ustedes, que la respuesta es sí. Y que hay peligro de sequera en la mollera, pero no llegará la sangre al río, ¿verdad que no? No llegará porque, aunque lo parece, no estamos en el mismo caso del señor Quijano, porque, entre otras cosas, al pobre hidalgo a la vuelta de su primera salida, magullado como estaba, le quemaron su biblioteca, o librería, como la llama Cervantes, y ya no pudo seguir leyendo, y vosotros sí podéis, mientras que tengáis batería suficiente, claro. Con el brillo muy bajo dura más, pero la vista también se cansa, como cuando el señor Quijada, Quesada o Quijana —que en la primera parte de la obra no hay manera de saber con certeza el nombre del hidalgo aficionado a los libros de superhéroes—, el señor Quijana, decía, no leía a la luz de las velas en vez de a la luz del día, cuando mejor se ve si lees en papel.

 

2.1.1. Bolígrafos, libros de bolsillo y teléfonos móviles

¿Que todo esto está traído por los pelos y menuda conferencia les estoy dando? Muy cierto, para levantar el vuelo habrá que usar algunos trucos. Fíjense ustedes en estos objetos que he traído, siguiendo al profesor Rodríguez de las Heras —un sabio cuya lectura siempre es recomendable—: un bolígrafo BIC, un libro de bolsillo y un teléfono móvil. Los tres tienen en común que en su época fueron recibidos con muchas suspicacias. Del bolígrafo se decía que su uso en vez de la plumilla y el tintero, malograba la caligrafía. Estaba prohibido en los colegios, y yo personalmente tengo un leve recuerdo de esa transición desde la tortura a la felicidad de escribir sin manchar con borrones el papel que supuso la punta con la bola rodante que va dosificando la tinta. Hoy es el instrumento de escritura más popular y utilizado del mundo, aunque solo un poco por delante del teclado virtual con el que escriben ustedes con los pulgares. Eso si no lo han superado ya. Habría que preguntar.

El libro de bolsillo era el hermano pobre de las ediciones serias, bien encuadernadas, aunque sabemos que algunas primeras ediciones, como las Sonatas de Valle Inclán, que se editaron en libros de bolsillo de peor calidad, hoy son muy valiosas y entonces algo vergonzantes. ¿Se han fijado ustedes en que el bolígrafo y el libro de bolsillo los podía llevar uno consigo a todas partes y el tintero, el juego de plumas y el libro grande de buena encuadernación no? ¿No les recuerda eso algo, que suelen ustedes, mejor dicho, solemos ya casi todos llevar con nosotros a todas horas? Por sus sonrisas, me doy cuenta que sí les suena. En efecto, los teléfonos inteligentes móviles; entre nosotros, los móviles. Se comprende que la movilidad le haya ganado a la telefonía la batalla de la familiaridad: con el móvil uno lo que hace sobre todo es moverse y llevarse consigo una buena colección de funcionalidades, siempre a mano; alguna vez, de cuando en cuando, se utiliza como teléfono, pero más bien poco, no lo suficiente para tener prioridad en el nombre.

Por favor, ¿pueden levantar la mano aquellos de ustedes que dispongan de un teléfono inteligente, un móvil, para su uso personal?

¿Tantos ya? ¿Los han traído, como decía la invitación al acto? Excelente.

¿Y quienes tengan tabletas electrónicas, no de chocolate, ojo, en la familia, aunque no sean suyas personales?

Pues también una barbaridad. Esta abundancia que se observa, y eso que estamos en un instituto público, creo que es generalizada, no como los buenos sueldos. La verdad es que la brecha digital parece haberse atenuado mucho entre las familias, casi ha desaparecido. Son ustedes alumnos de un centro gratuito y parece que la inmensa mayoría goza de los beneficios, y maleficios me temo, de la conexión frecuente si no permanente. Otra cosa es la brecha digital generacional, de abuelos, padres e hijos, que dejaremos para tratar otro día. ¿Han oído ustedes que somos adictos al móvil y que ahí se originan muchos males y desgracias? No hagan mucho caso de esa afirmación, que toma el rábano por las hojas. Lo que somos es adictos a la información, no nos cansamos de ella: ¿y dónde está ahora la información, dónde fluye como una cascada? Exacto, en los móviles, igual que antes fluía a través de otros soportes, como los periódicos o las revistas y antes en las charlas de las plazas de los pueblos.

Pero, ¿y la brecha impresa? Hay quien dice que ahora el problema principal no es la digital sino la brecha impresa, la diferencia entre las familias que tienen libros, impresos, y los que no tienen libros, impresos. Que hay casas con wifi, tabletas y teléfonos inteligentes, siempre conectados, pero en las que apenas hay libros impresos. Que ello es una gran pérdida, una catástrofe.

Disculpen si no puedo resistirme a la curiosidad de preguntar. ¿En sus casas hay libros impresos?

—Sí, sí, sí.

Mejor dicho, ¿en alguna de sus familias hay menos de dos metros de libros impresos? ¿Pueden levantar la mano? ¿Ninguna, nadie?

Nuestro hidalgo de la Mancha, el señor Quijana o Quesada o Quijano, que los autores del Quijote no se aclaran, aunque este último nombre —Quijano— no aparece hasta el final de la segunda parte, con el protagonista en su lecho de muerte... Oh, lo siento, creo que he hecho un spoiler sin querer. Decía que el hidalgo tenía un aposento para los libros, cerrado con llave, y saben ustedes de sobra lo que ocurrió, tan desgraciado: que el ama y la sobrina, impulsadas por el cura y el barbero tiraron muchos de ellos por la ventana e hicieron un fuego con sus cuadernillos y legajos. Solo se salvaron unos pocos...

—¡El Amadís de Gaula!

—Algunos libros pequeños de poesía.

—El Tirante el Blanco.

Magnífico, señores, se ve que estudian a fondo los asuntos. Felicidades, profesores, por la parte que les toca.

 

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2.2. Quemas de libros

Así es, solo unos pocos sobrevivieron. Mientras el hidalgo dormía... Leo desde mi copia del Quijote que siempre llevo en mi móvil

Pidió las llaves, a la sobrina, del aposento donde estaban los libros, autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana. Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños; y, así como el ama los vio, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo:
— Tome vuestra merced, señor licenciado: rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo. (El Quijote, I, VI.)

Las mujeres tienen prisa, pero Cervantes no deja que eso ocurra:

— No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.
Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos.

¿Se han fijado ustedes en que los califica de inocentes?

 

2.2.1. Bibliocaustos

Pero el fuego es inevitable, es cosa de la época, pero no solo de ella: hay otros fuegos en los que arden libros —bibliocaustos (Romera: 2005)— a lo largo de la historia y la literatura, ¿verdad, profesores?

—Así es, desde la tabla Santo Domingo y los albigenses pintada por Pedro Berruguete, que se puede admirar en el Museo del Prado hasta las fotografías de las quemas nazis hay una terrible tradición histórica.

——Me vienen a la memoria dos obras literarias, las novelas Fahrenheit 451, donde Ray Bradbury —que ha muerto hace poco— retrata un mundo en el que están prohibidos los libros y algunos disidentes de fuera del sistema —los hombres-libro—los memorizan, palabra por palabra, para que sobrevivan; 451 es la temperatura, expresada en grados Fahrenheit, a la que arde el papel. La otra obra es Los libros arden mal, de Manuel Rivas, que toma como referencia la pira que encendieron los falangistas el 19 de agosto de 1936 en la Dársena de A Coruña. Ambos títulos son muy recomendables, chicos. Ah, y otro más, El nombre de la rosa, de Umberto Eco, una novela histórica repleta de ironía.

Desde luego, profesora, esas son magníficas referencias literarias. He buscado con mi móvil algunas imágenes en Internet para ilustrar lo que venimos comentando: ahora las voy a mostrar. Se proyectan en la pantalla grande detrás de mí, donde puedo enviar la de mi móvil mediante la aplicación AirDroid. Fíjense cómo, en la pintura sobre la herejía albigense, el bien se separa del mal, de forma que el libro verdadero, escrito por Santo Domingo, a quien se juzga, flota y no se quema, gracias a un milagro, o un superpoder, que diríamos hoy, usando una metáfora más puesta al día.

Santo Domingo y los albigenses pintada por Pedro Berruguete, 1493-1499, en el Museo del Nacional del Prado

Las quemas nazis de libros ofrecen muchos resultados en la búsqueda de imágenes, es verdaderamente fácil dar con ellas, algunas especialmente repulsivas pues muestran la participación de muchachos jóvenes en la quema, como esos del pantalón corto, uniformados y sonrientes...

¿Pero son los libros los causantes, merecen esta penal capital de la incineración? La sobrina, lo han escuchado ustedes antes, así lo cree, los llama «autores del daño», «no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores»; no es la única que considera culpables a los libros. Otros muchos han quemado no solo libros, sino bibliotecas enteras, la de Alejandría, la de Sarajevo. Sacad vuestros móviles y buscad, buscad: imágenes de la «biblioteca destruida de Sarajevo», por ejemplo.

¿Las habéis encontrado?

a

Precisamente una imagen de una biblioteca bombardeada, la de Holland House, en Londres, en 1940, ha servido al diseñador para componer la cubierta de la novela que ha mencionado vuestra profesora: aquí la tenéis. Espeluznante. Terrible. Triste. Y aún así... entre tanta desolación hay quien rebusca en las ruinas del bombardeo, arriesgándose a ser de nuevo bombardeado. Explotado. Tiroteado. ¿Quiénes son esas personas?

a

 

2.2.2. Los lectores en el Quijote

En realidad, más que los libros, en todo caso los culpables son los lectores, que son los que toman decisiones. Hablemos pues de los lectores. Vean ustedes, he buscado cuántas veces aparece la palabra libro o libros en el Quijote y, no se molesten en hacerlo, les digo el resultado: 187 veces, contando ambas partes. El Quijote está lleno de libros, literalmente. Pero no ocurre lo mismo con bibliotecas o lectores, como vamos a comprobar juntos ahora, entre todos.

Hagámoslo así: es necesario que descarguen ustedes una versión del Quijote que se pueda abrir con alguna aplicación de lectura en el móvil, pongamos CoolReader o FBreader, aprovechando la wifi del instituto cuya clave del día de hoy les vamos a decir, suponiendo que no la sepan ya, es «Cervantes», por supuesto; por favor descarguen e instalen alguna de esas aplicaciones para Android u otra similar para otros sistemas operativos, si es su caso.

Luego, realicen esta búsqueda: «Proyecto Gutenberg don Quijote». Lo más fácil es dictarla, apretando en el icono del micrófono del buscador del móvil. Sí, sí, no sean pudorosos, háblenle al teléfono, que les hará bastante caso. Entonces les aparecerá un enlace a una página que ofrece varios formatos de descarga. Véanla:

También se puede leer en línea, en HTML, pero es necesario estar siempre conectado. Mejor, por el momento, es descargar un archivo compatible con la lectura móvil, en pantallas de cualquier tamaño; optemos por el formato EPUB. Hala, descárguesenlo, pulsando en él, de forma breve o de forma larga, si se prefiere la opción Guardar enlace para escoger el destino.

En la pulsación corta, les preguntará con qué aplicación quieren abrir el archivo: pues contesten con FBReader, y si no pregunta aunque se haya producido la descarga, abran la aplicación, CoolReader o FBreader o la que sea y busquen el libro en la carpeta de descargas Download: se llamará pg2000.epub (que significa libro en formato epub con el código 2000 del Proyecto Gutenberg).

Yo voy a usar CoolReader, y al abrirlo esto es lo que veo: unos textos en inglés que presentan el Proyecto Gutenberg, la biblioteca digital más antigua del mundo, ya que se remonta a 1971. La idea original, que todavía hoy sobrevive, fue la de editar, mediante voluntarios que teclearan el texto, las grandes obras de dominio público y ponerlas a disposición de cualquiera con una conexión a la red, de forma gratuita y listas para su reutilización. Este Quijote se tecleó en 1999.

Hay muchos más Quijotes digitales, pero algunos no son gratuitos o no permiten hacer lo que quiero hacer con ustedes hoy.

¿Se acuerdan que queremos saber qué dice Cervantes de las bibliotecas y los lectores? Vamos a buscar la palabra biblioteca. O mejor, no la busquen, porque no la van a encontrar, Cervantes no la usa. En su lugar busquemos librería, que esa sí aparece. Pulsen en el icono de búsqueda que toda aplicación de lectura móvil tiene e introduzcan el texto que se quiere buscar; entonces, pulsen en buscar (en este caso, los binoculares).

Hay dos resultados, que se suceden desde le principio del archivo. Primero lo hace en el índice, y luego en el título del propio capítulo VI, y ya está, no hay más veces. Librería es en la época cervantina el lugar donde se encuentran los libros, sea un aposento en una casa particular o sea la tienda donde se venden, que es la acepción restringida del término que prima en la actualidad. Curiosamente, como seguramente saben, en inglés biblioteca se dice library, y librería bookstore.

 

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2.3. Lectura pululante: el lector en el Quijote

Sin embargo lector aparece una cuantas veces más. No les digo cuántas. ¿Qué les parece si las vamos buscando y comentando una por una, haciendo una lectura pululante, como la de las mariposas, que se detienen solo en la flores más apetitosas, sacan su lengua y sorben el néctar?

 

2.3.1. Búsqueda del término «lector»

Antes de nada pulsemos suavemente en el centro de la pantalla, si fuera CoolReader, o mediante el procedimiento propio de la aplicación que usen, y abramos la tabla de contenidos del libro electrónico epub, el toc, llamado por estos pagos el índice, aunque en la primera edición del Quijote en 1605 existe con la denominación de Tabla de los capítulos, como se puede comprobar en esta imagen del facsímil de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Abramos, decíamos, la Tabla y veremos las líneas que corresponden a las partes y capítulos de la versión digital de la obra. Pulsando encima de una línea saltaremos a la que corresponda, ya que son hipervínculos, hipertexto digital. Por el momento asegurémonos que estamos al principio de la obra, tocando en el título El ingenioso hidalgo...

Ahora iniciemos las búsquedas, tecleando la palabra lector y pulsando en los binoculares, de manera que encuentre tanto el singular como el plural del término, lector o lectores.

¿Han conseguido ustedes algo?

Veo, por sus gestos, que sí. ¿Quiere alguno de ustedes comentar el contexto en el que parece la palabra y valorar qué nos aporta en nuestra investigación? Usted, entonces. Hable alto, que todos estamos un poco sordos en estos tiempos.

—Lector aparece en el mismo prólogo, y es el destinatario de la obra, a quien Cervantes llama además desocupado. Y le tutea. Le confiesa que este hijo suyo, el libro, «se engendró en una cárcel».

Así es, allí comenzó todo, en una prisión auténtica, donde el escritor imagina una historia breve, una novelita ejemplar sobre un loco, algo para mantenerse ocupado. Pero la historia fue creciendo y creciendo porque imaginó que al loco le haría bien acompañarlo con un cuerdo, es un decir, referido a Sancho, y comprobar qué sucede entre ellos. Cervantes después de veinte años sin publicar nada, resignado a su fracaso como poeta y autor teatral, ya en la cincuentena, edita El ingenioso hidalgo en 1605. Qué sorpresa la de todos al descubrir enseguida que la obra se convierte en un éxito inmediato. ¡Y engendrada en la cárcel! Cuando el autor escribe este prólogo, una vez terminada la obra, todavía no conoce el futuro y para curarse en salud le quita importancia a todo su trabajo, habla de sus dudas, escribe con absoluta libertad, juega, se divierte como nunca; narra desde el final de la vida, una vida de heridas, desgracias y fracasos, pero en la que cabe la sonrisa y mueve a risa. Por cierto, la palabra risa aparece 55 veces en la obra completa del Quijote, no sé si habrá otro clásico de la literatura en la que lo haga tantas veces: reventar de risa, llena de risa, cosa digna de risa, no pudo tener la risa, disimular la risa, muertas de risa, grandísima risa, impedido de la risa, sin dejar la risa... En fin, que aquí tengo anotados los usos que practica.

¿Quien va ahora? Usted, por favor.

—Seguimos en el prólogo y el autor no quiere pedir, como hacen otros, disculpas al lector por las faltas de su obra. Creo que en el fondo está muy orgulloso de ella, ¿no le parece a usted? Da la impresión de que era consciente de que su hijo literario, aunque tuviera faltas, no era feo y sin gracia, ni mucho menos.

Una interesante sugerencia de su parte. Siéntanse todos ustedes libres de comentar lo que bien les parezca, que estamos en un club de lectura. ¿Quién quiere continuar con la siguiente aparición de lector, la tercera?

—Creo que aún seguimos en el prólogo, con el autor dirigiéndose al lector, para explicarle sus motivaciones. Le tutea, nos tutea, ya que dice «en el cual verás, lector suave», Cervantes está justo aquí al lado, más próximo imposible, podemos sentir su aliento y oler la tinta de su pluma.

Es difícil interpretar (Césped, 2005) qué quiere decir exactamente lector suave, quizá de apacible trato. Un momento, que lo buscamos en el nuevo sitio web del diccionario de la lengua española de la Academia, DLE, que les recomiendo mucho que tengan en los favoritos (marcadores) de su navegador, que busca en la 23.ª edición (2014, la edición del Tricentenario); eso es, aquí lo tienen: suave es un adjetivo para alguien tranquilo, quieto, manso.

Sigamos. ¿Usted?

—Corresponde a la aventura de los batanes, que los aventureros toman por monstruos. También aquí el autor se dirige al lector, lo invoca y casi habla con él, con nosotros.

 

2.3.2. La oralidad en el Quijote

Ese es un excelente punto, que los estudiosos han tratado: la oralidad en el Quijote (Frenk, 2005). Cervantes escribe

en un lenguaje que podemos llamar hablado, y no solo en el diálogo de los personajes, sino también, y de manera notable, en las intervenciones del ubicuo y múltiple Narrador.

Francisco Rico, responsable de las últimas ediciones académicas, dice por su parte que «La norma del estilo cervantino está en la lengua hablada».

—Así que esa es la razón de que el escritor interpele tanto al lector, porque es un diálogo, en el que además se escribe como se habla, como no podía ser de otra manera.

¿Avanzamos?

—Ahora es un caso diferente de lector, no somos nosotros sino que se trata de un personaje secundario de la obra que lee, aunque mal, despacio y comparando con lo que ve. Por cierto, ¿cómo se puede saber en qué capítulo de la obra se contiene este trozo? La barra del título solo indica que es la pantalla 1260 del total de 2960, debe ser todavía la primera parte pero...

Es fácil, pulsa en el centro de la pantalla y escoge Tabla de contenido en la barra de tareas, la cual mostrará el capítulo en negrita: el LXV. Luego da para atrás, para volver al texto.

Prosigamos, pues.

—Del siguiente lector quisiera yo decir algo: estamos en el prólogo de la segunda parte y de nuevo el autor se pone a charlar con el lector. Usa el término dos veces y en él incluye a todos los grupos sociales, ilustres —que imagino que quiere decir nobles- y plebeyos, porque Cervantes piensa en todos cuando escribe. Dice más adelante en la página Quisieras tú..., otro ejemplo de interpelación y diálogo.

Aquí Cervantes muestra algo de amargura, cuando protesta ante sus lectores de que el autor de la falsa segunda parte del Quijote, que usa el seudónimo de Avellaneda, le trata de viejo y de manco. Ese año de 1614 se había publicado con cierto éxito, lo que obligó a Cervantes a redoblar sus esfuerzos y terminar su segunda parte, la auténtica, que recoge la última salida de don Quijote. Se publicó al año siguiente, en 1615, y pocos meses después moría Cervantes, el 22 de abril de 1616 (no el 23, ojo, aunque es el que se utiliza para conmemorarle). No solo estaba viejo y achacoso y era manco por herida de guerra, de la que se sentía orgulloso, sino que estaba rabioso porque se le adelantó un farsante. De ahí, sin embargo, de esa rabia, floreció la gloriosa tercera salida de don Quijote y Sancho, que redondea la primera parte y al decir de muchos aún la supera. En este mismo prólogo dice Cervantes, para desquitarse:

y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

Lo que es una gran verdad y también un gran consuelo para todos aquellos que nos dedicamos a las letras, cuando vemos florecer las canas por todas partes. ¿Puede alguien continuar, por favor?

—El siguiente lector también pertenece al prólogo y en él Cervantes justifica con una broma las dificultades de hacer un libro, interpelando una vez más al lector, al que califica de amigo.

 

2.3.3. El lector amigo

Vayamos terminando, que creo que ya hemos captado una de las esencias de la obra, que provoca esa sensación de intimidad con ella en el que se le acerca, aunque los siglos sigan pasando desde que se escribió. El último lector...

—El último lector muestra en todo su esplendor lo que venimos comentando: el autor detiene la acción y se pone a charlar con nosotros los lectores, a quienes trata de amables y de quienes espera «dos fanegas de risa». Aunque, no sé lo que son fanegas.

—Una medida de cantidad de trigo o grano. Se nota que no eres de campo, colega. Pero yo no sé lo que es «risa de jimia».

—Lo he encontrado en DLE: «m. y f. mono (simio)». Se refiere a reírse como los monos, con un ji, ji, ji o algo así.

En efecto, ya veo que ustedes se manejan bien con los móviles y saben exprimirles la utilidad educativa que poseen; buscando, leyendo, enlazando, marcando textos y consultando el diccionario. Pero sabrán ustedes que estos artefactos no están permitidos en los centros docentes. Hay una norma de la Comunidad de Madrid de 2007, lo que equivale más o menos a la Prehistoria digital, que dice así:

no permitiéndose el uso de móviles, otros dispositivos electrónicos o cualquier objeto que pueda distraer al propio alumno o a sus compañeros

¿Qué les parece?

—Pues a mí me parece bien, si se permitieran sería el caos: todo el mundo estaría distraído o tomaría fotos y vídeos comprometidos y los subiría a Internet...

—No es verdad, muchos no lo harían, se podrían utilizar para ayudar al estudio, como estamos haciendo ahora.

—A ver, ¿se tira o clava la gente los cuchillos en la cafetería del instituto simplemente porque estén a mano? Pues no, no lo hace, porque nosotros, la gente, sabemos comportarnos.

—No todos.

—¿Y los que no saben comportarse son los que deben dictar las normas y jorobarnos la vida a los demás?

—El viejo dilema filosófico de elegir entre libertad o seguridad.

—La solución a ese dilema es la educación, leñe, que por eso estamos aquí.

Muy bien, muy bien, no se exciten ustedes. Observen con atención la redacción de la norma: lo que no está permitido es el uso distractor, que distrae...

—Profe, distractor no está en la web del diccionario de la lengua, lo acabo de mirar. No ponga esa cara ni se enfade, yo solo lo digo para ayudar.

Si usted lo dice. Aunque si no existe, debería de existir; tampoco está wiki y no me digan ustedes que no tiene los merecimientos suficientes. Aunque la 23.ª edición del diccionario, que se estrenó el pasado año 2014, ha incluido por fin los términos blog, chat y tuit, que ya era hora. No tengan ustedes miedo a usar palabras nuevas, de su cosecha; a veces, no hay otro remedio. ¿Saben ustedes cómo se llama una respuesta que tarda mucho en llegar? Pues una despuesta. Es un hallazgo del gran inventor de palabras, el periodista, Luis Piedrahita. ¿Lo conocen, no?

 

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2.4. Bibliotecas digitales personales

Dejemos esto y prosigamos con una nueva pregunta pertinente: ¿puede existir una biblioteca que no tenga libros? ¿Existe la biblioteca o librería de Alonso Quijano una vez que la han quemado?

 

2.4.1. Biblioteca personal

Por ahora no contesten, que quiero hilar un argumento y explicarme mejor. Verán ustedes: todos tenemos una biblioteca personal, más grande o más reducida, de dos o tres metros o de cuarenta, con estanterías repletas de obras impresas y otras muchas cosas que poseen textos escritos que pueden leerse. Lo de la brecha impresa que decíamos hace un rato quizá sea una amenaza futura, pero todavía no es una realidad entre ustedes. En efecto, ustedes tienen libros, y revistas, y cuadernos y papeles guardados en carpetas, unos son impresos —como las calificaciones y los diplomas— y otros manuscritos, autógrafos de su propia mano, como los cuadernos de apuntes o los deberes o sus dibujos. Habrá quien use bolígrafos, para escribirlos y seguro que una buena parte de los libros de las estanterías son libros de bolsillo, de diferentes géneros, mucha más narrativa que ensayo o poesía. Y revistas y, quizá periódicos los domingos o los sábados. Ya sé, ya sé que no siempre. Alguno de ustedes debió echarlo de menos, cuando desapareció, El pequeño País, que era el primer paso de los niños para introducirse en la lectura del periódico. ¿Alguien ha vivido esa experiencia?

Lo sabía: mis hijos lo recuerdan y yo lo recuerdo, pero sus compañeros de algún año menos quizá ya no lo hagan ya.

Todos esos papeles, impresos y manuscritos, forman la biblioteca personal, que incluye los escritos de todo tipo, a los que cabría añadir otros soportes físicos para las imágenes y los sonidos: las fotografías de papel, los cuadros, carteles, dibujos... y las cintas o discos. En fin, todas ellas cosas tangibles, que podemos coger con la mano y que tienen la curiosa cualidad de que solo los puede tener uno: o lo tengo yo (el libro) o lo tienes tú, pero no ambos a la vez.

Por los gestos que hacen comprendo que sus pensamientos se adelantan a mis palabras e imaginan por dónde quiero ir: en efecto, ahora hay otras colecciones de libros y escritos, imágenes y sonidos que ya no poseen esa presencia física contundente; son los objetos digitales, que se caracterizan por estar aquí y allá, en el móvil y simultáneamente en la nube; por no ser tangibles ni físicos, por la facilidad para sacar copias de ellos. Unos los creamos nosotros —textos, fotos, audios...— y otros nos llegan ya hechos por otros. Esta nueva realidad nos conduce a una pregunta importante: ¿forman bibliotecas los objetos digitales?

 

2.4.2. Inventario de la biblioteca digital personal

Pues ya me dirán ustedes lo que piensan, porque quiero que vayamos entre todos haciendo un inventario de qué cosas formarían parte de nuestras bibliotecas personales digitales, a ver qué sale.

—Profe, veo que usted incluye cosas que no son libros en la biblioteca personal; ¿eso es correcto? La etimología dice otra cosa.

—Una observación aguda, pero considere lo siguiente: durante siglos las bibliotecas estuvieron llenas de manuscritos, fueran tablillas de arcilla, rollos de papiro o códices de pergamino; a ellos se añadieron los libros impresos en papel. ¿Qué es por tanto una biblioteca? Pues creo que el conjunto de manuscritos y de impresos y todo lo demás que se encuentra reunido y mínimamente ordenado con información de algún tipo, incluidas las cartas de amor, las facturas y los exámenes corregidos en rojo.

—Pues el mundo digital no se queda atrás: hay de todo eso y multiplicado.

Pues pongámonos a inventariar. Empiezo yo: los libros electrónicos —o ebooks— en formatos de archivos de descarga como epub o mobi o pdf, que contienen novelas o ensayos, poesía o teatro, que se compran en las librerías virtuales o por otros procedimientos no comerciales de los que podemos hablar otro día. Es algo análogo a las estanterías de los libros físicos, pero que ahora son digitales. Son ficheros que se guardan en carpetas digitales del ordenador, la tableta o el móvil.

—Que se pueden guardar o no, profe, porque la lectura en la nube, mediante streaming, permite leer sin descargar. Es más, eso es lo que prefieren las editoriales, para evitar la piratería, ya que nunca hay una copia completa en el aparato lector, únicamente la parte que se está leyendo. Lo malo de esto es que para leer hay que estar conectado y gastar datos o wifi; si no lo estás, no puedes leer.

Lo ha explicado usted muy bien. Igual que los ficheros descargados en carpetas locales se pueden considerar miembros de la biblioteca digital personal, ¿qué cree usted sobre esos libros en la nube: son también parte de nuestra biblioteca?

—Sin duda, lo son. Los hemos pagado y tenemos acceso a ellos cuando queramos, aunque no los tengamos con nosotros, ni descargados.

—Es como las pelis de la tele, las que puedes ver porque están incluidas en la tarifa contratada con la operadora, pero no las puedes descargar. Es muy cómodo.

—Suscripción, compañeros, es el método de toda la vida de la suscripción.

—Más bien se parece al préstamo: una vez que tienes el carné de la biblioteca puedes tomar prestados libros, que lees y luego devuelves antes de que se cumpla un plazo.

 

2.4.3. Préstamo bibliotecario digital, «eBiblio»

—Pues desde no hace mucho existe el préstamo bibliotecario digital, el eBiblio, al que se puede acceder con el carné de bibliotecas. Profe, ¿no lo tiene usted? ¿Lo podría mostrar en pantalla, que mucha gente no lo conoce todavía?

Excelente idea, sí, tengo la aplicación para Android, y también la hay para iOS. Es esta:

eBiblio para Android

Hay que identificarse con los datos personales y se accede a un amplio catálogo de obras prestables, novedades, recomendados, préstamos, reservas y descargas. La biblioteca se ha expandido fuera de sus muros y llega hasta nuestros dispositivos.

eBiblio para Android

Como señala su compañero, las obras se pueden descargar o bien leer en línea (Visualizar). Existe también la Vista previa de una parte del contenido, para juzgar si nos interesa, como se ve en esta pantalla. La opción principal es la del préstamo, que dura 21 días, que es cuando la obra se desconecta. Ahí tienen ustedes Fahrenheit 451, al que se refirió la profesora anteriormente: préstamo gratuito a su disposición, basta con sacarse el carné de bibliotecas.

eBiblio para Android

—Pero, ¿cómo funciona, profe? ¿Se pueden coger todos los préstamos que se quiera, todas las personas que lo deseen a la vez?

No, claro. Se pueden tomar prestados hasta tres libros simultáneamente. Por otro lado, las bibliotecas han comprado a las editoriales un número de licencias de cada título, y ese es el número máximo que se pueden prestar a la vez; en ese caso aparece el mensaje de Reserva en vez de Prestar por si se quiere reservar el título, cuando quede libre.

—Es una buena iniciativa, profe. La piratería se lo estaba comiendo todo, entre otras cosas porque casi no había oferta, eso oigo decir por ahí.

—Y que los precios de los libros electrónicos son muy altos, comparados con los de papel, que tienen el gasto adicional de imprimirlos y distribuirlos, mientras que los electrónicos apenas tienen coste de distribución: un clic en un enlace y ya está.

Sí, sí, eso es lo que se cuenta. El tema daría para otra conferencia. Pero debemos continuar, dejemos los libros encuadernados y pasemos a otros textos de nuestras bibliotecas digitales. ¿Alguien se ofrece a continuar?

—Disculpe, profe, pero estoy intentando entrar en eBiblio de mi móvil y no lo consigo.

Introduce tu número de carné de bibliotecas como usuario y la fecha se expedición sin las barras como contraseña y ya verás como entras.

—Así es, ya he podido. Gracias.

 

2.4.4. Otros elementos de la biblioteca digital personal

A ver, hagamos un rápido recuento: ¿cuántos de ustedes llevan libros electrónicos en sus teléfonos? Me refiero a novelas, ensayos u obras mayores. ¿Tan pocos? Un veinte o treinta por ciento, me parece. Es extraño, todos ustedes tienen móviles inteligentes: ¡con lo cómodo que es leer y las posibilidades que tiene la lectura digital profunda (Fernández, 2014)! Ya ven ustedes lo que hemos estado haciendo, navegando por el Quijote, pululando por su páginas, pero desde luego también cabe hacer la lectura prolongada, capítulo a capítulo, cuando se tenga tiempo; consultando el diccionario, seleccionado frases, tomando notas, compartiendo las ideas del ingenioso, riendo y gimiendo.

—Además, los capítulos son numerosos; voy a comprobarlo. En efecto: 52 la primera parte y 74 la segunda, nada menos.

—Y muchos son cortos.

—Profe, además de libros está todo el correo electrónico, las antiguas cartas y misivas que se escribían nuestros padres y abuelos, que han vuelto en forma digital, como correos o mensajes de chat. Nosotros escribimos tanto como ellos si no más. ¿Están guardados en nuestro móviles, tabletas y ordenadores, que hacen de bibliotecas?

—Unos sí y otros no, colega: los mensajes de WhatsApp están en la carpeta que lleva su nombre en el móvil, pero los correos electrónicos se guardan en la nube, en los servidores de la aplicación de correo, por eso te los encuentras igual si los abres en cualquiera de los dispositivos y no se pierden si pierdes el teléfono.

Pues sí, la correspondencia y mensajes son claramente elementos de la biblioteca digital personal, llevan nuestra firma, como emisores o receptores. Pero hay otros muchos documentos, ahora digitales, en analogía con los documentos impresos o manuscritos de nuestras bibliotecas analógicas.

—Profe, la carpeta de descargas está siempre llena de ellos, cosas que nos bajamos de Internet al navegar, documentos que nos envían por correo, recibos, tíckets, instrucciones, deberes...

—Sin olvidar los documentos de todo tipo que creamos nosotros, con el procesador de textos, presentaciones, hojas de cálculo... escribiendo con nuestros dedos en los teclados del ordenador o del móvil (Fernández, 2014b). O las notas que tomamos o los apuntes en el calendario.

Sí, sí, en efecto, en correspondencia con las antiguas notas manuscritas para la lista de la compra o las tareas pendientes.

—¿Y todos los mensajes que ponemos en las redes sociales qué? Habría que incluirlos también.

Desde luego que sí; son piezas breves, como en Twitter, o más largas, pero sin duda autógrafas nuestras. La verdad es que escriben ustedes una barbaridad, lo mismo que leen bastante, aunque de una manera diferente. Y es hora de reconocerlo.

—Pues yo tengo un blog personal y otros que se callan también. Habría que contarlos.

—¿Y se podrían incluir los marcadores del navegador con los sitios favoritos que solemos visitar? También los escogemos nosotros y los guardamos para un acceso más rápido la próxima vez.

—Y eso que casi no hace falta tomarse la molestia de guardarlos porque el navegador se acuerda de los sitios que has visitado y te completa la dirección sin que hayas terminado de escribirla.

A lo mejor ese historial de navegación, que saben ustedes que se guarda como un tesoro, deberíamos considerarlo también parte de nuestra biblioteca personal, ¿no creen?

—Pues es una buena colección de textos, profe: menuda biblioteca. Incluso ese setenta por ciento de compis que dicen no llevar encima libros electrónicos sí que crean y guardan multitud de otros textos, creados por ellos mismos o por otros.

—Son bibliotecas sin libros.

—Los textos están dispersos por aquí y por allá, no están en un único lugar.

—Yo colecciono artículos y los guardo en Pocket, para leerlos más tarde y cuando quiera.

—La biblioteca digital personal de cada uno es enorme, profe, mucho mayor que la física. No me había dado cuenta.

—Y mucho peor organizada: seguro que nos ponemos a buscar algo y muchas veces no conseguimos dar con ello.

—A la biblioteca de papel de mi casa le ocurre lo mismo, nunca encuentro nada.

 

2.4.5. Biblioteca escolar digital

¿Y qué me dicen ustedes de la biblioteca escolar? ¿La usan?

—La de nuestro centro es magnífica, pero desde que se jubiló doña Laura, la bibliotecaria, ha caído en la penuria y el olvido: no hay novedades ni apenas actividades de fomento de la lectura.

No es la suya la única que sufre ese mal: las bibliotecas escolares están un poco olvidadas y en cierta decadencia, por falta de recursos humanos y económicos... pero los tiempos actuales les ofrecen el reto de convertirse en bibliotecas digitales con pocos gastos.

—La nuestra tiene el programa informático Abies pero todavía no está el catálogo en línea para poder consultarlo, como tienen otros institutos con AbiesWeb.

No es solo disponer del catálogo en línea para saber qué libros contiene y si está prestado el ejemplar físico y su localización en la estantería. En estos tiempos hay que plantearse la biblioteca escolar digital móvil (Fernández, 2015b), que incluya los registros de obras que están accesibles mediante una dirección de Internet, una URL, a una versión digital publicada en una biblioteca virtual o repositorio educativo. La URL es la referencia de la estantería digital donde se encuentra el ejemplar que se puede descargar o leer en línea, sin el límite de ejemplares que sufren las bibliotecas físicas. El catálogo de la biblioteca de su centro tendría los registros de obras digitales que los profesores y los alumnos consideran de interés: sería muy fácil recomendar su lectura y también acceder a las obras. ¿No creéis profesores?

—Desde luego, sería muy útil poder incluir esas referencias y encargar su lectura.

——Yo estaría interesada en poder incluir en el catálogo enlaces a artículos de prensa y revistas de actualidad, que luego se pudieran comentar en clase.

—Y yo lo mismo, noticias como fuentes para debatir en clase. Pero tiene que ser algo muy ágil y facilito.

Una aplicación de móvil es lo mejor que se me ocurre: que conecte con el catálogo en línea de la biblioteca y necesite una cuenta de usuario, de profesor o alumno. De esa forma, si alguien encuentra algo de interés, como una noticia de prensa, podría catalogarla rápidamente. Voy a ponerles un ejemplo; no hace mucho se publicó un artículo de José María Izquierdo en el que entrevistaba a la doctora Nuria Oliver, una experta en tecnología móvil: mediante la pulsación en la opción de compartir se puede crear una nota en la aplicación Keep, como la que les voy a mostrar, o enviar un correo electrónico o un mensaje de chat. La propia opción de compartir recoge la URL de la noticia y el editor de la misma, en este caso la sección Tecnología de El País Semanal. En mi caso, he añadido unas anotaciones de mi cosecha sobre la importancia de la comunicación no verbal.

¿Y si en vez de esto, de crear una nota de mi colección particular, lo que se abriera fuera el catálogo de la biblioteca escolar donde se pudiera hacer una entrada, una precatalogación, que se pudiera completar más tarde con el resto de las metadatos? Al día siguiente se podría recomendar su lectura en el aula, no remitiendo a la fuente si no al catálogo de la biblioteca escolar digital, donde se encuentran los contenidos educativos que han pasado el filtro del profesorado, lejos del ruido documental de la web, donde es tan fácil perderse entre tanta abundancia.

——Nosotros nos apuntamos a este sistema, ¿verdad? Siempre que vosotros, chicos y chicas, y os tuteo, porque ya nos conocemos bien y nos tenemos suficiente respeto, decía siempre que vosotros leáis nuestras recomendaciones.

—Incluso si no las leen al momento, siempre estarán allí, esperándolos.

——Y, como nos sugiere nuestro conferenciante, llevemos siempre con nosotros algunos libros, ¡ocupan tan poco en la memoria y pueden darnos tanto! Llevemos siempre el Quijote...

—Y a Galdós y a Baroja... que son lecciones vivas de historia las que muestran sus novelas.

——Clásicos sí, y modernos también; y artículos de actualidad, enlazados al catálogo escolar.

—Y algún ensayo de tema histórico.

——Y algo de poesía, ¡ningún día sin poesía!

Me felicito de que les parezca interesante la idea. A ver si somos muchos y conseguimos que nuestras autoridades la lleven a cabo.

Vamos a ir terminando con nuestra charla, que ya hemos hecho casi todo el recorrido, y muy bien, gracias a su colaboración.

 

2.4.6. ¿Aventuras sin libros?

Una vez quemada su biblioteca, Alonso Quijano siguió adelante con su empeño de ser don Quijote y vivir una vida de aventuras, pero lo tuvo que hacer sin sus libros. ¿Cómo pudo hacerlo si ellos eran precisamente sus guías, el manantial del que bebían sus locuras?

Muy fácil, porque los llevaba consigo, no en su forma física sino en su forma esencial, en forma de recuerdos, que nuestro hidalgo manchego llamaba cuando los necesitaba. Por ejemplo, vean esta cita, una entre muchas:

Don Quijote hizo su segunda y tercera salidas de memoria sobre lo que había leído, tampoco le hacía mucha falta tener los volúmenes impresos en la mano para recordar las fazañas de los caballeros y recordar sus aventuras, y tomarlos como guías para sus pasos.

Permítanme que les diga lo siguiente: nuestro hidalgo tenía una biblioteca personal que no era física sino electroquímica, escrita en el conectoma de su cerebro, fruto de sus lecturas y almacenada en la memoria, mediante procedimientos que solo recientemente podemos comprender, gracias a la nueva ciencia de la lectura (Fernández, 2015a). Nosotros, que vivimos cuatrocientos años después, funcionamos igual, a base de recuerdos, aunque podemos contar con una ayuda inestimable para nuestra memoria, gracias a la biblioteca personal digital, a cuyos libros llamamos mediante unas pulsaciones en nuestras pantallas móviles y rápidamente acuden a nuestro encuentro, listos para la lectura, sin necesidad de estar físicamente con nosotros, en el bolso, la mochila, el zurrón o las estanterías, encarnados en papel.

¿Que también está un poco cogido por los pelos este argumento? No digo que no, pero ¿a que es hermoso pensar que don Quijote en nuestros días llevaría un móvil repleto de libros electrónicos de caballerías y de historias de superhéroes, con la gran variedad de superpoderes que presentan las novelas, series y películas que nos bombardean en estos tiempos, pero que excitan las mentes sin igual?

Porque el necio diría que esas historias de superhéroes son mentira, una necedad, una tontería..., pero don Quijote, hoy como ayer, replicaría así: «léalos, y verá el gusto que recibe de su leyenda». He aquí el texto, enfatizado:

 

Y, tras una preciosa descripción de sucesos maravillosos que sigue a lo anterior, termina don Quijote con este memorable elogio de la lectura, que no me resisto a leerles con mi propia voz, y no se preocupen si notan que me tiembla de emoción: es que de chaval leí muchos cómics de superhéroes y solo tras pasear por el Quijote una y otra vez he llegado a comprender de verdad por qué me gustaban tanto.

No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera parte que se lea, de cualquiera historia de caballero andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere. Y vuestra merced créame, y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala. De mí sé decir que, después que soy caballero andante, soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos; y, aunque ha tan poco que me vi encerrado en una jaula, como loco, pienso, por el valor de mi brazo, favoreciéndome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos días verme rey de algún reino, adonde pueda mostrar el agradecimiento y liberalidad que mi pecho encierra.

Muchas gracias por su atención y participación, y hasta siempre.

 

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3. Referencias

 

3.1. Recursos digitales

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3.2. Bibliografía

  • CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Edición digital del Proyecto Gutenberg en epub, kindle, html. Además puede encontrarse en red en versión digital comentada en fb2.
  • CÉSPED, Irma (2005). El lector del Quijote, novela de la conciencia conquistada. Revista chilena de literatura. Nº 67. Santiago, nov. 2005.
  • Colección de varias piezas relativas a la obra Fray Gerundio de Campazas, tomo III (1820) en Google Libros. Dice en el Prólogo á la obra y advertencia á los leyentes de El Circunloquio del Padre Francisco Isla, tomo III. p. 55: «Hablo pues á los lectores míos, quiero decir á mis leyentes. No sea que entienda alguno, que hablo con el lector, que está pared en medio del exorcista, y tiene grado en la iglesia; ó con los padres lectores é infulados de las sagradas religiones. No pido tanto. Con meros leyentes me contento; con, tal que lean bien, y sean buenos; digo buenos leyentes: que leyentes buenos son vino de otra cuba. Yo los supongo tales; y si no lo son, no es culpa mía.»
  • FERNÁNDEZ DELGADO, Javier y FERNÁNDEZ COLINO, Héctor e Irene. (2014). «Sacad los móviles, vamos a leer». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año I. Nº 01.
  • FERNÁNDEZ DELGADO, Javier (2014). «Sacad los móviles, vamos a escribir». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año I. Nº 02.
  • FERNÁNDEZ DELGADO, Javier (2015a). «Escuchando con los ojos en la era digital». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año I. Nº 03.
  • FERNÁNDEZ DELGADO, Javier (2015b). «La biblioteca escolar digital móvil». Actas de CIBES 2015. Primer Congreso Iberoamericano de Bibliotecas Escolares. Getafe, octubre 2015 (en publicación).
  • FRENK, Margit (2005). «Oralidad, escritura y lectura», en Cervantes, M. de, Don Quijote de la Mancha. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española. Pp. 1138-44. Edición digital en pdf. Consultado 5-5-2015.
  • La biblioteca digital personal (2015-08-15). En el blog Lectodigitantes. Lectoescritura digital [En línea].
  • ROMERA, Ángel (2005). Escrutinio de donosos escrutinios. Estela de los bibliocaustos generados por un capítulo de Don Quijote. [En línea].

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3.3. Créditos del artículo, versión y licencia

FERNÁNDEZ DELGADO, Javier. «Alonso Quijano y la biblioteca digital personal». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año II. Nº 04. ISSN 2341-1643 [URI: http://letra15.es/L15-04/L15-04-41-JavierFDelgado-Alonso.Quijano.y.la.biblioteca.digital.personal.html]

Recibido: 30 de octubre de 2015.

Aceptado: 7 de noviembre de 2015.

Actualizado: 1 de febrero de 2016

Licencia Creative Commons: Reconocimiento – CompartirIgual (by-sa): se permite el uso comercial de la obra y de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original.

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