Letra 15. Revista digital
Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid - ISSN 2341-1643

Sección TECNOLOGÍAS

Recursos digitales para leer a Galdós

Javier Fernández Delgado

Javier Fernández Delgado

Fue docente de Educación Secundaria y ahora ejerce como editor público y experto en edición digital en la Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid.

Ha publicado Escuchando con los ojos en la era digital y otros artículos sobre el uso didáctico de los dispositivos móviles.

javier.fernandez@madrid.org
lectodigitantes@gmail.com

Resumen / Abstract / Résumé

Resumen.

Recopilación de los principales recursos digitales disponibles para leer las obras de Galdós estando confinados pero conectados, precedida de un ensayo sobre los tipos de lectura digital, sus interfaces y formatos en el momento actual, que se recorren mediante ejemplos de obras galdosianas leídas en diferentes dispositivos.

Palabras clave: Galdós, libro electrónico, lectura digital, teléfonos inteligentes, educación, lengua española, literatura, aplicaciones informáticas, dispositivos móviles, aprendizaje móvil.

Digital resources to read Galdós

Abstract.

Compilation of the main digital resources available to read Galdós' works while confined but connected, preceded by an essay on the types of digital reading, their interfaces and formats at the present time, which are covered by examples of Galdosian works read on different devices.

Keywords: Galdós, ebook, digital reading, smartphones, education, Spanish language, literature, software apps, mobile devices, mobile learning.

Ressources numériques pour lire Galdós

Résumé.

Compilation des principales ressources numériques disponibles pour lire les œuvres de Galdós tout en étant confinées mais connectées, précédée d'un essai sur les types de lecture numérique, leurs interfaces et formats à l'heure actuelle, qui sont couverts par des exemples d'œuvres galdosiennes lues sur différents appareils.

Mots-clés: Galdós, livre électronique, lecture numérique, éducation, langue espagnole, littérature, applications informatiques, appareils mobiles, apprentissage mobile.

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Para los confinados conectados andantes.

 

...Y vuestra merced créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala. De mí sé decir que (...) aunque ha tan poco que me vi encerrado en una jaula como loco, pienso, por el valor de mi brazo, favoreciéndome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos días verme rey de algún reino, adonde pueda mostrar el agradecimiento y liberalidad que mi pecho encierra.

Quijote, I, L.

 

La vez primera nos le volvieron atravesado sobre un jumento, molido a palos. La segunda vino en un carro de bueyes, metido y encerrado en una jaula, adonde él se daba a entender que estaba encantado; y venía tal el triste, que no le conociera la madre que le parió, flaco, amarillo, los ojos hundidos en los últimos camaranchones del celebro, que para haberle de volver algún tanto en sí gasté más de seiscientos huevos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis gallinas, que no me dejarán mentir.

Quijote, II, VII.

 

1. Prólogo

En tiempos de confinamiento, la lectura digital cobra gran importancia porque nos permite leer aunque el ejemplar físico no lo tengamos a mano o sea imposible acceder a él, ya que las bibliotecas o las librerías físicas están clausuradas al público. Pero las bibliotecas virtuales no están cerradas sino al contrario, abiertas y accesibles en la red 24 horas al día, todos los días, siempre que dispongamos de una conexión. Lo mismo ocurre con las librerías virtuales, siempre a mano. No obstante, en contraste con la lectura impresa, la lectura digital ofrece algunas diferencias, que se derivan tanto de las interfaces de lectura móvil como de los formatos digitales de las obras. Estamos tan familiarizados con la lectura en papel y sus gestos que olvidamos la pendiente de aprendizaje que condujo con gran esfuerzo a esa familiaridad. La lectura digital tiene gestos que habremos de añadir a los conocidos: de ellos trata este artículo, eminentemente práctico y con vocación de tener una utilidad inmediata ─para por fin aclarar estos confusos temas─.

En los apartados siguientes discutiremos las distintas formas de lectura digital sirviéndonos de las obras digitalizadas de Galdós y al final ofreceremos un repertorio de recursos digitales sobre el autor, de cuya muerte se cumple un siglo, para que ahora y siempre se le pueda seguir disfrutando.

Nuestra exposición se centrará en el análisis de los formatos digitales de lectura, que poseen una gran diversidad, de la misma manera que el mundo físico de los soportes tangibles ofrece también múltiples formas, cada una con su peculiaridad. Podemos leer a Galdós en tapa dura con amplios márgenes y tipografía generosa, o en libro de bolsillo de letra menuda; en artículo de prensa o en fascículos, como los que publicaba el autor en el siglo XIX; en un volumen recopilatorio de sus obras completas o en una edición adaptada para el público juvenil; en una placa conmemorativa que recoge una frase suya o en un cartel de una campaña de lectura de Libros a la calle. En el mundo digital esa bibliodiversidad es aún mayor, ya que a la variedad de formatos se une la multiplicidad de interfaces con sus gestos propios.

 

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2. Sobre interfaces y formatos de lectura digital

La interfaz es la frontera que conecta al usuario con el aparato o, como dicta la Academia:

Del ingl. interface 'superficie de contacto'.

1. f. Conexión o frontera común entre dos aparatos o sistemas independientes.

2. f. Inform. Conexión, física o lógica, entre una computadora y el usuario, un dispositivo periférico o un enlace de comunicaciones.

Los aparatos pueden tener una interfaz general, como la pantalla de un ordenador o la táctil de un móvil, y luego interfaces específicas de cada programa o aplicación, en las que varían las opciones o los gestos. Pero lo cierto es que un libro impreso en papel también es una interfaz con el texto, distinta de un cartel mural o de un diploma enrollado. La interfaz condiciona la lectura: el tamaño de la letra, el método de avance del texto, la posibilidad de seleccionar párrafos o tomar notas o usar el diccionario... Adoptemos una mirada crítica hacia las interfaces de lectura de las que disponemos.

 

2.1. La lectura vertical en línea y el formato HTML

Esta revista Letra 15 que tienes, lector, en tus manos ─mejor dicho, ante tus ojos─ es un buen ejemplo de lectura vertical en línea mediante el navegador web. Es el fundamento técnico que sostiene la razón de ser de la revista: que su acceso en línea sea inmediato y universal, tanto en un ordenador como en un dispositivo móvil, sin que sea necesario descargar o almacenar nada. Máximo de facilidades lectoras. ¿Se pueden leer así también los libros? ¿Se puede leer a Galdós sin salir de casa? ¿Qué nos ofrecen las bibliotecas y las librerías? Respondamos, paso a paso.

Comencemos por las bibliotecas virtuales, con acceso abierto a todas horas. Muchas de ellas usan como formato de lectura el mismo que la mayoría de las páginas web, el formato HTML. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, por ejemplo, así lo hace con las obras de Galdós: los originales impresos de ediciones princeps están digitalizados como texto electrónico en formato HTML, sin estilos y sin las imágenes de las páginas de una edición facsímil. Cualquier navegador web nos puede servir de interfaz para acceder a la Biblioteca y también como aplicación de lectura de la obra seleccionada.

Captura de pantalla de teléfono movil de la edición digital del primer Episodio Nacional, Trafalgar, correspondiente a la edición impresa ilustrada de 1882.

La navegación web se caracteriza por la lectura vertical mediante el gesto correspondiente del dedo o el ratón, que activa el desplazamiento vertical. Este tipo de lectura es una novedad ya que en otros formatos y soportes domina la lectura horizontal, en la que una página impar es sustituida por la siguiente de golpe y en sentido horizontal, como en los libros de papel. Sin embargo en la lectura web no existe la página como unidad visual, sino la pantalla, que suele deslizarse verticalmente no de golpe sino poco a poco. Tiene una similitud superficial con la lectura de los rollos de papiro o pergamino que se hacía en la Antigüedad, ya que estos estaban escritos en columnas pararelas, pero en contraste no existía la página, que fue un invento posterior propio del códice, que es el formato de los libros impresos que conocemos. En los rollos la lectura avanzaba de una columna a la siguiente en sentido horizontal, conforme se iba desenrollando el rollo con la mano derecha y enrollándolo con la izquierda, como se aprecia en este mosaico romano, en el que Virgilio sentado sostiene con una mano un rollo pequeño doblado y Clío lee uno grande con ambas manos. Obsérvese que cosa diferente es el gesto ─que nos es más familiar─ del pregonero que lee el texto de un bando enrollado verticalmente.

Mosaico con el poeta latino Virgilio junto a Clío, musa de la Historia, y Melpómene, musa de la Tragedia. Museo del Bardo, Túnez; hallado en Susa. Siglo III d. C. Wikimedia.

Hace años, la British Library digitalizó el libro impreso más antiguo del mundo, un rollo, en la web pionera de libros virtuales Turning the Pages, el Diamon Sutra, impreso el 11 de mayo de 868, nada menos, de cinco metros de largo. Antes tenía una animación que enrollaba y desenrollaba el libro, pero ahora ha desaparecido. No obstante puede visualizarse una animación digital análoga de algunos rollos del Mar Muerto manuscritos en hebreo, como el de Isaías, de hacia el siglo II a. C., con siete metros de largo y 54 columnas de texto, que se leen de derecha a izquierda.

Captura de pantalla de la animación en la web del Museo de Israel en Jerusalén.

En Europa, poco tiempo después, el códice paginado ─una especie de rollo cortado y plegado─ fue sustituyendo al rollo como la forma más habitual del libro manuscrito.

Si hemos de ser exactos, el códice, la forma de nuestro libro impreso, no es un diseño rupturista del todo, ya que conserva del rollo la doble página en dos columnas, par e impar, que se leen seguidas en el mismo plano visual, para después romper la unidad y pasar al nuevo conjunto compaginado de las dos siguientes. Ese rasgo del códice se mantuvo cuando el libro manuscrito dio paso al impreso.

La lectura impresa normalmente es compaginada y ese hecho lo tienen muy en cuenta los maquetadores de libros a la hora de lograr la belleza y la legibilidad, como en esta página facsímil de la edición ilustrada de Galdós accesible en la Biblioteca Digital Hispánica, en la que se basa la edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes antes mencionada.

Páginas 50-51 de Trafalgar, La corte de Carlos IV, edición ilustrada por Enrique y Arturo Mélida, 1882. Biblioteca Digital Hispánica.

 

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2.1.1. La lectura vertical con los navegadores web

La lectura vertical web se realiza mediante los navegadores que convierten el código HTML en columnas de texto e imágenes que desbordan la pantalla por encima o por abajo y donde se aloja el contenido no visible, pero que es accesible inmediatamente mediante los gestos apropiados. Esa circunstancia de no visualizar el texto completo también existe en la lectura horizontal, pero en ella el texto que falta se encuentra oculto en las otras páginas.

La lectura vertical puede ser muy rápida, ya que el acceso a los distintos puntos es casi instantáneo. Eso contrasta favorablemente con la lectura de páginas de las obras impresas, donde las búsquedas son más lentas, aunque a su vez más rápidas que en la lectura de rollos, que hay que desenrollar trabajosamente para acceder el párrafo buscado (y luego enrollar para guardarlos).

Un punto flaco de la lectura vertical es la desorientación del lector debido a que no puede visualizar el conjunto para saber en qué parte se sitúa su punto de lectura. Una ayuda es la barra de deslizamiento lateral que indica la posición relativa del punto de lectura y que también funciona como herramienta de acceso rápido a un lugar concreto mediante un gesto de deslizamiento (scroll).

Una característica muy apreciada de la lectura web es la de poder fácilmente modificar el tamaño del texto y que este se adapte a la pantalla sin desbordarla, aunque debido a ello varíe la maquetación original del párrafo. Esto es algo impensable en la lectura impresa, cuya maquetación es siempre fija, decidida por el editor, y donde el tamaño de la letra no puede variar, salvo que el lector se acerque el libro a los ojos, como decía uno con mucha gracia. Ese reflujo de texto (reflow) en la navegación web se logra rápidamente mediante una combinación de teclas (control + o rueda del ratón).

Los navegadores de los dispositivos móviles, con pantallas pequeñas, permiten que el usuario modifique también ese tamaño mediante los controles de accesibilidad, pero hay muchos sitios web con maquetación fija optimizados para ordenador que se visualizan mal en pequeñas pantallas. Para mejorar el acceso surgió el diseño web adaptativo, que «busca que las páginas se adapten automáticamente al dispositivo en el que se visualizan». Muchos sitios web ya son adaptativos y tienen una versión específica para dispositivos móviles y otra para ordenador, que muestran los resultados de forma diferente, sea a una columna o a varias, como hace la prensa digital. Los navegadores suelen tener una opción que permite pasar de una a otra.

Comparación de la portada de El País digital del 24 de marzo de 2020 en vista móvil y en versión de ordenador en el navegador Chrome para Android de un teléfono.

Así pues, la lectura web puede ser tanto adaptable (porque el usuario puede adaptar el diseño) como adaptativa (porque se adapta automáticamente). A pesar de ser una forma innovadora de lectura su éxito ha sido indudable y arrollador, y es posible que sea ya la forma de lectura más frecuente en el mundo.

Pero tiene también sus problemas y sus detractores, aunque su papel e importancia en esta época de confinamiento físico no ha dejado de incrementarse.

Un rasgo de la lectura en el navegador web que extraña al principio al lector de papel ─y que le resulta perturbador e incómodo, aunque no lo sepa identificar─ es que los textos no están justificados, sino en bandera, como estos mismos que estás ojeando, lector. Y asó ocurre con la prensa digital o la propia web de la RAE. Las líneas tienen longitudes variables y no están alineadas a caja. Tampoco hay partición de palabras al final de línea, el silabeo o división silábica que es habitual en los impresos. De momento las cosas están así, obligados por la dificultad técnica de ajustar la maquetación a ventanas de lectura de tamaño cambiante y la escasez de diccionarios universales de silabeo. Sin embargo, como veremos, existen programas y aplicaciones distintas de los navegadores que permiten activar el silabeo.

 

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2.1.2. Project Gutenberg

Mucho antes de Internet y los dispositivos móviles, en 1971, Michael S. Hart creó la biblioteca digital más antigua, Project Gutenberg, a base de voluntarios que mecanografiaban en un teclado electrónico los grandes textos de la Humanidad. Cuando llegó Internet se difundieron en la web sus ediciones electrónicas gratuitas en texto plano sin estilos (TXT), los primeros eBooks, que además se podían leer en la propia web con un navegador, ya que se maquetaban también en HTML. Un proyecto que se demostró visionario, como se ha comprobado después. Hoy sus ediciones siguen siendo de referencia y a los formatos señalados se les han unido otros que permiten gozar de las obras también en KINDLE o EPUB, de los que pronto hablaremos.

Pagina de consulta o descarga de Fortunata y Jacinta en Project Gutenberg.

Su interfaz de lectura apenas ha cambiado desde hace años y resume todos los elementos básicos que hemos descrito sobre la lectura vertical en línea.

Visualización en teléfono de la página web con el texto plano electrónico de Fortunata y Jacinta en Project Gutenberg.

Por último, la desnudez casi total, pero no completa, de la imagen anterior suscita una última reflexión sobre la lectura vertical, y es que nunca es solo vertical: hay unos hiperenlaces que nos conducen a la segunda parte o a algún otro capítulo concreto dentro de la misma columna. El churro interminable llega un momento en que termina y el lector se va a otro lugar del espacio digital mediante algún gesto, que recuerda la sensación del pase de las páginas de los impresos o del cierre final de la trasera del libro, una vez terminada la lectura.

El churro vertical desnudo es muy árido para la lectura, pero necesita apoyos visuales que ayuden a la legibilidad y la memoria. En nuestra revista Letra 15 usamos para ello los textos coloreados y las estructuras numéricas de los apartados, como se explica en la paleta y el lector puede comprobar en estas mismas líneas. Son muchos los sitios web que han incorporado el color a los textos: han reservado el azul (u otro) para los enlaces y utilizan distintos tonos para las antiguas negritas ─negras─ o cursivas o textos enfatizados. Esto aleja las webs de los libros impresos, en los que predomina el color único de tinta negra y que llegó a ser el principal hábito lector visual. Sin embargo, nada exige ahora que los textos deban ser siempre en blanco y negro, como en la mayoría de los libros impresos, las películas antiguas o la televisión de las primeras generaciones. La vida es en color, Internet es en color: ¿por qué la lectura tiene que ser en blanco y negro sin la presión de los costes de impresión del papel, que el color encarecía multiplicando el coste varias veces?

 

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2.2. La lectura horizontal y los formatos de lectura sin conexión

Pero un hábito visual arraigado tiene un peso decisivo en nuestro quehacer cotidiano, y dado que muchas generaciones aprendimos a leer de forma compaginada en papel, como más disfrutamos es repitiendo de forma automática los gestos de pasar las páginas y de lectura secuencial, mientras sostenemos el libro con las manos o apoyado en el atril. Leemos de izquierda a derecha y de arriba abajo, salto de página impar a página par... Cuando interrumpimos la lectura, dejamos el marcalibros en su hueco, para que sea fácil recuperar más tarde el punto de lectura. Los más osados anotan en los margenes o subrayan frases y párrafos, ponen dedicatorias autógrafas, toman notas manuscritas en fichas o papeles sueltos.

Así era la vida lectora antes: ¿y ahora? Tenemos la certeza de que todo ha cambiado, pero ¿se pueden mantener esos hábitos?

Como veremos, no solo se pueden conservar esas habilidades sino que en estos tiempos podemos disfrutar de algunas posibilidades nuevas que enriquecen la lectura horizontal.

 

2.3. Facsímil sin texto electrónico: el formato solo imagen JPG

Las páginas impresas puedes ser digitalizadas y convertidas en imágenes que se leen como si fueran las originales. También se pueden copiar y enviar fácilmente en forma de archivos con diversas extensiones. Son los facsímiles digitales: obras derivadas a partir de originales impresos.

Durante unos años a esto se le llamó digitalizar una biblioteca o un archivo, un proceso que consistía en sacar fotos digitales que se guardaban en carpetas con multitud de ficheros independientes por páginas, con extensiones TIFF (alta calidad y mucho peso, sin compresión, para archivo) o JPG (calidad menor pero poco peso, con compresión, para consulta). Parecía el paraíso de la preservación y la comodidad.

Hasta que alguien hizo una pregunta similar a esta: ¿y yo cómo busco en la edición facsimilar digital del Quijote si en él se cita el nombre de mi pueblo manchego? ¿Me leo uno a uno los ficheros de imágenes? ¿No se puede hacer lo mismo que con el texto electrónico de los procesadores de textos, buscar electrónicamente?

─No, no se puede, un facsímil es una imagen, no es texto electrónico.

─¿Y no puede serlo?

 

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2.4. El texto electrónico: el TXT

Sí, pero no es cosa sencilla. Un texto electrónico puede haber nacido como tal o puede ser fruto de una conversión a partir de uno analógico. Los textos nacidos digitales pesan muy poco y tienen la propiedad de permitir la búsqueda electrónica, rapidísima y eficaz si respetamos la sintaxis.

Volvamos a la edición de Trafalgar de la Biblioteca Digital Hispánica para examinar la interfaz de lectura en línea. Vayamos a la página 50 del texto original (miniatura 62 en la edición digital). El gesto de pinzar con los dedos sobre la pantalla amplía la imagen y acerca los detalles.

¿Qué es esto? Una imagen facsimilar del original impreso que, como comprobamos enseguida, en el teléfono se lee fatal. Si acercamos demasiado para leer el texto, la imagen desborda la pantalla e incomoda mucho la lectura.

Una solución es utilizar la posición apaisada de la pantalla ─girándola─ para visualizar los párrafos completos, pero tiene el inconveniente de que se recorta la columna de texto.

En cualquier caso, la lectura de facsímiles digitales es análoga a la lectura horizontal con impresos, primero una página y luego otra, pero con una diferencia: esta no es una lectura compaginada, sino página suelta a página suelta. No se presentan la página par y su siguiente impar juntas a los ojos sino separadas y sucesivas. Se pierde la maquetación conjunta original, pero el texto queda intacto, su forma original permanece. Eso sí, no se pueden hacer búsquedas en el libro o en la página, porque en la interfaz web es una imagen y solo una imagen lo que se observa.

Puede verse otro ejemplo de esto en el número 57 (tomo XV) de 1870 de la Revista de España, al que se puede acceder en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Digital Hispánica. Allí, entre las páginas 162-193, publicó un joven Galdós sus «Observaciones sobre la novela contemporánea en España» que ahora se pueden consultar de primera mano.

 

2.4.1. Descargando libros digitalizados

Pero la Biblioteca Digital Histórica ofrece otras posibilidades si se desea descargar el contenido para verlo sin conexión en otra interfaz, la local del ordenador o la del teléfono. La flecha hacia abajo permite acceder a las diversas opciones de descarga: PDF, JPG y TXT. Descargar en formato JPG nos ofrecerá en local una imagen como la que se visualiza en la web, nada nuevo.

Comencemos mejor por la última opción, el formato de texto plano TXT. Descarguemos esta misma página en local, en el teléfono u ordenador y abrámosla. ¡He ahí el texto electrónico, más que bien, de la página! Se puede buscar en él, o seleccionar y copiar algo y pegarlo en otro documento electrónico. Igual que hemos hecho con esta página podemos hacer con todo el libro: descargar todo su texto electrónico en un único fichero local, tanto en el teléfono como en el ordenador, y abrirlo después con una aplicación o programa de lectura o edición. Para así buscar o seleccionar, copiar y pegar lo que interese.

¿De dónde sale este texto electrónico? Pues es un derivado de la imagen digital, un conjunto de letras y signos electrónicos, que al principio se hacía a mano, por ejemplo, mediante voluntarios tecleando, como en el Project Gutenberg, y hoy día se puede generar de forma automática gracias a programas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), que convierten los trazos gráficos en texto digital editable. Esta es la segunda fase de la digitalización de una obra: recrear el texto electrónico correspondiente a las imágenes facsimilares. Esta conversión se ha ido perfeccionando y ampliando su ámbito de actuación a tipografías antiguas, mejorando constantemente su porcentaje de aciertos. Pero las imágenes de obras impresas escaneadas pueden ser difíciles de reconocer, por manchas, irregularidades tipográficas y de las tintas, etc. En la captura de pantalla de arriba, si se observa con detalle, se pueden distinguir los errores de reconocimiento.

 

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2.4.2. ¡Las bibliotecas virtuales editan!

Muchas bibliotecas virtuales públicas están repletas de obras digitalizadas facsimilares con texto electrónico, que se visualizan como imágenes en su propia interfaz y permiten la descarga en archivos separados de texto e imagen, como hemos visto hasta ahora. Así pues, las bibliotecas virtuales van un paso más allá que las físicas, no solo preservan sino que también editan, elaboran ediciones digitales que mantienen la forma original (facsímil) y aportan además el texto electrónico, ofreciendo así al lector nuevas posibilidades.

Así hacen las bibliotecas públicas virtuales y también otros muchos repositorios digitales, con algunos matices. Un ejemplo sobresaliente de esto es Google Libros, que posee tanto títulos en dominio público con acceso gratuito a la obra completa como publicaciones con derechos reservados con acceso parcial o fragmentario. Como Galdós murió en 1920, todas sus obras están en el dominio público y Google Libros ofrece numerosos resultados relacionados con el autor en todos los idiomas. Se puede usar la búsqueda avanzada para filtrar por «Benito Pérez Galdós». Tomemos como ejemplo este volumen de Zaragoza, que se publicó originalmente en 1901 por Casa Editorial Hernando, y cuyo ejemplar de referencia pertenece a la Biblioteca de Catalunya, que se digitalizó en 2009 dentro del Programa para bibliotecas de Google.

La interfaz de lectura está poco adaptada a los dispositivos móviles pero permite la lectura en línea de la edición facsimilar y ofrece también la posibilidad de lectura del texto electrónico, que aquí se denomina Versión de texto:

Pero ofrece también otras posibilidades de descarga, como los formatos PDF y EPUB, de los que trataremos en los apartados siguientes.

Google Print luego llamado Google Libros fue un proyecto privado de digitalización pionero en el mundo y fue el detonante de los grandes proyectos públicos de digitalización que surgieron como respuesta y que desembocaron, por ejemplo, en la Biblioteca Digital Europea, ahora llamada Europeana, que permite, a día de hoy, «explorar 58,362,586 obras de arte, artefactos, libros, vídeos y sonidos de toda Europa». Europeana es un recolector de datos catalográficos de múltiples colecciones que son las que poseen los objetos digitales y los comparten de forma colaborativa.

El lector que localiza una obra en Europeana será enviado a la web donde se aloja el objeto digital para leerlo con la interfaz propia de esa colección digital, como este Trafalgar: a tale, de 1884, que procede de la colección Bodleian Libraries, University of Oxford, o el manuscrito autógrafo de 1873 de la obra original que posee la Biblioteca Nacional en la Biblioteca Digital Hispánica.

Ambas bibliotecas, y muchas otras, como Internet Archive, permiten la descarga local de la obra en PDF.

 

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2.5. Facsímil y texto electrónico: el formato PDF

Vamos a descargar en versión PDF en una carpeta local tanto la edición de la Biblioteca Digital Hispánica de Trafalgar de 1882 como la de Google Libros/Biblioteca de Catalunya de Zaragoza de 1901 («Séptima edición esmeradamente corregida») y la del manuscrito autógrafo de 1873 de Trafalgar arriba mencionado. Para leerlos necesitaremos algún programa o aplicación que permita abrirlos, que son muy numerosos porque desde 2008 el Portable Document Files ─que Adobe desarrolló hacia 1990─ es un estándar abierto, un ISO, cuyo código cualquiera puede conocer y utilizar. De hecho es el estándar mundial de preservación documental ya que tiene la gran ventaja de permitir en un solo formato de archivo tanto imagen como texto electrónico, por lo que es un formato ideal para las ediciones facsímiles digitales. No solo conserva la forma original ─la imagen escaneada de las páginas─ sino que detrás tiene una capa con el texto electrónico, sobre la que se puede buscar, seleccionar y copiar, además de otras funcionalidades como la de señalar con color los párrafos o palabras de interés, similar al fluorescente sobre papel, o la de añadir anotaciones.

En el teléfono móvil el fichero se habrá almacenado en la carpeta de Descargas (Download) y se puede acceder a él desde las notificaciones o mediante un gestor de archivos. Al abrirlo el sistema preguntará por el programa o aplicación de lectura que se prefiere o se abrirá la app que se tenga priorizada. Muchas aplicaciones permiten subrayar en color o crear un marcador con el texto seleccionado, que se aloja en una nueva capa del fichero PDF y que permanece en la obra tras cerrarla, aunque si se desea se puede eliminar.

Captura de pantalla de la página 17 del facsímil de Trafalgar mediante FBReader con la extensión para PDF. BDH.

¿Cómo es la interfaz de lectura de los archivos PDF, vertical u horizontal? La respuesta es que se puede escoger entre ambas: bien entre el churro vertical continuo, en el que las antiguas páginas impresas se visualizan unas debajo de otras; bien entre la secuencia sucesiva de pantallas que reproducen las páginas unas después de otras, sustituyendo la siguiente a la anterior. En el ordenador, el programa más extendido es el Adobe Reader, que ofrece estas opciones de Presentación de página:

El desplazamiento se refiere al churro continuo, sea en página suelta o en doble compaginada. Lo que prefiera escoger el lector es cosa suya. Si se quieren extraer por separado las imágenes y el texto electrónico, se puede hacer mediante Guardar como, escogiendo el formato final que se prefiera.

El formato PDF, pues, reúne muchas funcionalidades, entre ellas la de poder escoger entre las diversas formas de lectura, pero su mayor cualidad puede convertirse también en su peor defecto: esa conservación de la forma (el facsímil) impide una buena visualización en las pantallas pequeñas, como las de los teléfonos, ya que para poder ver la letra grande se tiene que renunciar a tener a la vista el párrafo entero. El texto desborda la pantalla. La solución para ese problema es crear textos en formatos que sean adaptables y adaptativos, como vimos más arriba, aunque se pierda la forma original, si la hubiera. El mejor es el formato EPUB.

 

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2.6. El texto electrónico: el formato EPUB

Digamos cuanto antes que un libro electrónico en formato EPUB es una web empaquetada, que tiene la peculiaridad de que se puede descargar y leer sin conexión, en contraste con las páginas de los sitios web, que se pueden descargar una a una pero no en conjunto. Esto quiere decir que en cierta manera hemos vuelto al principio de este artículo: un EPUB está construido en formato HTML, pero de tal manera que se comprime en un fichero ZIP y se renombra con la extensión EPUB, de Electronic Publication. Este formato es desde 2007 un formato abierto estandarizado promovido por un foro internacional de editores (IDPF). Es el formato escogido por la industria editorial, apropiado para la inmensa mayoría de aparatos lectores, un giro que la industria realizó como escarmiento por la dispersión de dispositivos y formatos exclusivos que frenaba el impulso digital. Pero también cada vez más bibliotecas y repositorios lo incluyen entre los posibles formatos de descarga.

Un libro digital en formato EPUB que no esté protegido (cifrado) no solo lo puede leer cualquiera, o copiarlo y compartirlo, si no que también cualquiera lo puede abrir y verle las tripas, así como editarlo y modificarlo con programas abiertos como calibre o Sigil. Es pues un mecanismo muy poderoso de difusión de los libros en el entorno digital. Fuera de este modelo queda el ecosistema Amazon que usa aparatos lectores propios (Kindle) y formatos de archivo propietarios y cifrados como MOBI o AZW (asimismo llamados KINDLE), que también están escritos en HTML aunque con otras reglas.

La principal cualidad del EPUB es que el texto refluye y se adapta a la pantalla, sin desbordarla nunca. Está diseñado para contener texto electrónico pero también puede incluir imágenes, incluso puede elaborarse una edición facsímil con imágenes de texto, pero sin texto electrónico, aunque esto supone renunciar a su característica más señalada.

Project Gutenberg o Google Libros permiten descargar en EPUB las obras mencionadas, por ejemplo. Si accedemos a la edición de Fortunata y Jacinta del primero, la descargamos en local y la intentamos abrir se nos planteará el problema de con qué programa o aplicación podemos leerla. Distingamos entre leer en el ordenador o leer en un dispositivo móvil.

 

2.6.1. Leyendo EPUB en el ordenador con calibre

En el ordenador hay pocas dudas de que el mejor programa para leer en formato EPUB es calibre, así, con minúscula: un programa abierto que permite tanto leer libros electrónicos como editarlos, convertirlos o gestionarlos como una biblioteca. El visor de libros electrónicos de calibre es el programa específico para leer, tiene una interfaz muy cómoda, fácil de personalizar (Lectodigitantes, 2020), que admite la justificación completa ─aunque no el silabeo─ y el reflujo de texto, aumentando o disminuyendo el tamaño de la letra, utilizando los botones al efecto o la combinación de tecla control y rueda del ratón, lo mismo que en la navegación web o con el procesador de textos.

Y ahora con un cuerpo más pequeño.

Es conveniente tener activada la barra de herramientas (Preferencias - Miscelánea - Mostrar una barra de herramientas con las acciones más útiles), pero también se puede pulsar en el botón de Pantalla completa para facilitar la lectura desnuda. El botón de Consultas permite la lectura con el Diccionario en línea de la Lengua Española de la Real Academia activado para consulta instantánea (Lectodigitantes, 2020). ¿Qué más se puede pedir?

Pues se le puede pedir que ofrezca tanto la lectura vertical como la horizontal. Y así es. El botón de desplazamiento permite alternar entre , que «cambia a modo continuo, donde el texto no se divide en páginas», y , que «cambia a modo de página, donde el texto se divide en páginas». En ambos la rueda del ratón actúa sobre el avance o el retroceso.

 

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2.6.2. Leyendo EPUB en el teléfono (o la tableta) con Google Play Libros

Las posibilidades de lectura de EPUB en los teléfonos son numerosas, y aquí nos vamos a referir a tres de ellas: Google Play Libros, eBiblio y FBReader, que son muy representativas del estado actual de la lectura digital móvil, la que podemos realizar no en el sillón sino mientras nos movemos.

En muchos teléfonos Google Play Libros viene preinstalada y es la aplicación de lectura por defecto de EPUB. Al pulsar sobre el fichero solicita subir una copia a la nube de la cuenta del usuario, para poder leerlo en cualquier momento desde cualquier dispositivo. Al abrirlo, descarga una copia y despliega la interfaz de la aplicación local. Esta es muy cómoda y tiene a su favor que entre los tipos de letra elegibles para leer se encuentra Literata, una fuente creada por Google para la lectura en dispositivos móviles, que contrasta estupendamente.

La forma de leer es la modalidad horizontal, no compaginada, sin que de momento se ofrezca la posibilidad de la lectura con desplazamiento vertical.

Aquí se ofrece un resumen en vídeo sobre lo dicho hasta ahora.

Hay un hecho curioso: el gesto de pulsar en el centro activa una visión de la obra similar a la del rollo de la Antigüedad, en columnas horizontales con la miniatura de las páginas, sobre las que nos podemos desplazar rápidamente. El rollo desplegado es lo mejor que hay para las búsquedas visuales. Fortunata y Jacinta se convierte, con este tamaño de letra y en esta pantalla concreta, en un conjunto de 1.145 columnas de texto, y leer la obra completa nos llevará otras tantas pantallas. Ante nuestros ojos, el texto se comporta de una manera muy parecida a la experiencia de la lectura en la Antigüedad.

 

 

2.6.3. Leyendo EPUB en el teléfono (o la tableta) con eBiblio, préstamo bibliotecario digital

eBiblio es una aplicación comercial desarrollada por Odilo que algunas instituciones públicas utilizan para ofrecer préstamo bibliotecario digital de libros electrónicos. eBiblio Madrid, por ejemplo, es un sitio web y también una aplicación móvil que ofrece el préstamo gratuito de obras digitales a usuarios de las bibliotecas públicas madrileñas. Las obras están cifradas y caducan a los 21 días. Las bibliotecas compran licencias a las editoriales y ofrecen a los usuarios ese acceso digital restringido y limitado, con todas las garantías, pero de forma gratuita para el lector.

El mayor interés de eBiblio radica en el acceso a obras que no son de dominio público y, muy especialmente, novedades, como la obra La epopeya de una derrota, de Luis Gonzalo Díez (2020), sobre la redacción de los Episodios Nacionales; uno de los 73 resultados que ofrece eBiblio, que incluyen también ─cómo no─, las novelas de la serie.

Al pulsar en Prestar, la obra se descarga cifrada en el dispositivo, para poder leerla sin conexión, y se coloca en nuestra Estantería.

La interfaz es básica, mejorable, con los elementos de configuración que ya conocemos, y la lectura ha de ser horizontal.

Como hemos adelantado, eBiblio tiene una versión web para el navegador que permite leer en él en línea, por ejemplo en el ordenador, sin descargar nada. Esta posibilidad también existe en Google Play Libros y en otras aplicaciones multiplataforma.

Curiosamente, la interfaz web permite la lectura horizontal compaginada ─dos páginas se visualizan a la vez─, y aunque en la maquetación digital no hay páginas pares a la izquierda e impares a la derecha que la hagan necesaria, sin embargo se justifica por la anchura excesiva de las líneas de texto en las pantallas grandes. Posee también unas opciones de lectura básicas que permiten al lector la personalización.

El Ministerio de Educación y Formación Profesional ha abierto el acceso universal a su plataforma ELEO Biblioteca Digital de los Centros de Recursos, la biblioteca de la Acción Educativa Exterior, también basada en Odilo, y ofrece acceso a obras de nuestro autor, por ejemplo, a unas Obras completas.

 

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2.6.4. La lectura digital móvil: intensa, aumentada, hipertextual, distraída

Llegamos ahora al meollo de la lectura móvil: la oportunidad de practicar la lectura digital intensa mientras no paramos quietos. Los libros, como vaticinó Kevin Kelly en Cómo serán los libros del futuro (2011), vienen cuando se los llama, estemos donde estemos.

El efecto inmediato de los libros surgidos en formato digital es que pueden fluir de pantalla en pantalla, en cualquier momento. El libro aparecerá cuando se lo llame. La necesidad de comprar o almacenar un libro antes de leerlo ha desaparecido. Un libro es menos un artefacto y más una corriente que fluye hacia tu campo visual.

Y aún estando nosotros confinados, ellos, los libros electrónicos, también vienen, siempre que tengamos conexión, claro; pero en estos tiempos (casi) siempre tenemos conexión. Si navegamos por Internet a la dirección de alguna biblioteca (o librería) virtual y llamamos al libro, este se presenta y se visualiza en línea, como indica Kelly, y hemos estado comprobando líneas arriba.

Pero la afirmación de que la necesidad de almacenar un libro antes de leerlo ha desaparecido no se cumple todavía, ya que es muy habitual la práctica de descargar voluntariamente la obra en algún espacio local, sea o no necesario. Hay dos razones inmediatas para ello: la primera es poder disponer de la obra sin necesidad de conexión. La segunda es la preservación de la obra en nuestra colección digital. Ambas razones se podrían discutir ─y rebatir─ fácilmente, pero lo cierto es que el comportamiento está ahí, y se justifica además por una tercera razón: no parece que juzguemos igual disponer de acceso a una obra ─que se aloja en una página web─ que tener la posesión de un ejemplar. Esto ya ocurre con las obras en papel, cuando preferimos conservar el volumen a mano aunque seguramente esté disponible en la biblioteca pública más cercana. Gastamos dinero aunque ahorramos tiempo. Un ejemplar nuestro se puede prestar o regalar, preservar la dedicatoria o las anotaciones, quedar para las siguientes generaciones, se puede heredar o donar.

Podríamos citar más factores que afectan a nuestros hábitos lectores: hay soportes de lectura digital, como los lectores electrónicos (ereaders), que obligan a la descarga, porque no leen en línea; las propias interfaces de lectura en línea son a veces pobres y ahuyentan al lector acostumbrado a la comodidad del papel ─aunque hay numerosas ediciones con letra minúscula, con mal papel, que se deterioran enseguida─. ¿Y qué decir del aspecto generacional? Leer en papel libros largos es hábito que muchos consideran cosa de mayores, quienes ¿por qué van a cambiar algo que ya es casi perfecto? Lo expresa así Irene Vallejo (2019):

El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor.

¿Este juicio tan certero se refiere en exclusiva al libro en papel o al libro en general ─el texto largo elaborado─, sin que al efecto importen el soporte o el formato de lectura? Quizá sea aplicable a ambos y ambos merezcan el elogio. Seguramente. En el habla coloquial se llama libros a los de papel, como si los otros no lo fueran, como si con la conversión digital Galdós y sus textos perdieran su condición libresca y algo esencial hubiera desaparecido. Y sin embargo, es claro que el discurso sigue allí, aunque cambie el corpus mechanicum.

Examinemos otro punto de vista: la verdadera diferencia o frontera no radica entre papel y digital sino entre los que leen libros y los que no, sin que importe con qué artefacto lo hagan. Había grandes expectativas acerca de que la lectura digital multiplicaría los lectores, pero la edición digital no parece que esté siendo capaz de salvar ese abismo estadístico, a pesar de sus abundantes cualidades. ¿Es responsabilidad de los lectores, de los editores, de las autoridades? ¿Es acaso cuestión de tiempo, de que se sucedan cambios paulatinos que desarraiguen las antiguas costumbres? Con lo fácil que es ahora leer ─a Galdós, por ejemplo─, ¿por qué no...?

Rodríguez Canfranc (2020) se hacía hace poco esta pregunta: ¿Por qué no ha triunfado el libro electrónico?:

A diferencia de otros sectores culturales, como la música o el cine, el del libro se resiste a la digitalización. A pesar de las ventajas que trae consigo el ebook, la edición en papel resiste y sigue siendo el formato preferido de la mayoría de los lectores.

Este hecho contrasta sobremanera con lo ocurrido con otras industrias culturales, en las que el soporte físico de distribución, como los discos y cintas de audio, vídeo o incluso videojuegos, se ha convertido en algo marginal en favor de los archivos digitales de canciones, películas, series o juegos que llegan a las pantallas mediante la conexión a Internet y gracias a contratos de suscripción a plataformas especializadas. El libro físico, el volumen en códice en papel, tiene algo que lo hace diferente.

A las personas que son lectoras les gusta tener libros, coleccionarlos, verlos ordenados en las estanterías del hogar; un sentido de posesión que refleja muy bien el siguiente dicho popular: «Hay dos clases de tontos, los que prestan los libros y los que los devuelven». El libro es un objeto que, una vez leído, se conserva con cariño.

Por el contrario, hay estudios que han detectado que en el caso del ebook el lector no se siente en posesión total del producto ─a diferencia de la versión en papel─, lo que limita la adopción de este formato. En general, los libros electrónicos no pueden ser leídos en distintos dispositivos, y está restringido algo tan arraigado en la cultura lectora como es el prestar libros, pues el DRM [cifrado] en los libros digitales en principio lo impide. Los libros físicos y digitales son productos completamente distintos, aunque el contenido sea el mismo, de forma que los segundos son más bien un servicio, que no comparten con sus contrapartes en papel todos aquellos elementos que los hacen atractivos.

Hay muchas observaciones que se pueden hacer a los argumentos anteriores, sin duda acertados, pero incompletos. Una de ellas es confundir el libro comercial ─que se adquiere mediante compra─ con el libro en general, que es algo mucho más amplio. Las bibliotecas y los poderes públicos de todas partes han hecho un esfuerzo considerable para digitalizar el patrimonio bibliográfico y muchas obras de autores que están en dominio público (fallecidos antes de 1940), que cualquiera puede leer gratuitamente, sin que el lector tenga que pagar por volumen cada vez, ya que sus impuestos son los que financian esas digitalizaciones estratégicas para la difusión de la cultura y dar apoyo a la educación. ¿Conoce el gran público cómo leer utilizando una biblioteca digital, se promociona ese tipo de lectura? ¿Son insuperables las dificultades técnicas, se pueden mejorar las interfaces digitales de lectura? En el ámbito comercial: ¿las editoriales tienen voluntad de dar ese salto digital o se resisten en la convicción de que es el público el resistente?

Hace unos días se han actualizado los datos que ofrece el Informe Anual del libro digital 2019 (Libranda, 2020), que señala:

  • En el 2019 la cuota del libro digital sobre el mercado total del libro en España es del 5,2%. Ahora bien, si nos fijamos en su cuota en el ámbito de las novedades y grandes lanzamientos ésta oscila entre el 15% y el 25%, en función del título.
  • La venta de ebooks durante las semanas de confinamiento de marzo y abril 2020 sube un 50%, crece también el préstamo bibliotecario digital y aumenta un 30% el tiempo de los lectores en plataformas de suscripción de libros digitales.

Como se ve, todo puede cambiar rápidamente, si las circunstancias empujan lo suficiente. Y el lector puede descubrir que

...esta sociedad de las pantallas y los dispositivos, que nos permiten disfrutar de contenidos audiovisuales en cualquier lugar y en cualquier momento

es una oportunidad para enriquecer la experiencia de lectura y desarrollar «una lectura aumentada» (Rodríguez Canfranc, 2020).

¿Aumentada, intensa, hipertextual, distraída?

Se están empleando diversos calificativos para designar las experiencias nuevas que estamos viviendo: lectura aumentada o intensa, o hipertextual, que es el rasgo más señalado según Begoña Gros (2020) en El móvil nos convierte en lectores distraídos. La lectura distraída ─podríamos decir así─ es, pues, también un riesgo, ya que nuestra paciencia cognitiva está menguando y cada vez nos cuesta más concentrarnos.

Un cambio muy importante es la ruptura del texto lineal. Los soportes digitales rompen la linealidad, ya que los textos digitales son hipertextuales y exigen un tipo de lectura diferente. De este modo, leer en la red significa pasar de un texto plano, lineal, a un texto abierto, con múltiples caminos. Constantemente, el lector se encuentra ante diferentes itinerarios posibles de lectura, por lo que es fácil caer en la dispersión.

Este problema se agudiza en los dispositivos móviles, que ofrecen la sensación subjetiva de la multitarea ya que se pueden realizar muchos tipos de lectura sucesiva, saltando del libro a la red social o a la mensajería o la consulta de la prensa digital o una búsqueda en la red. Es cierto, que el problema existe y es grave, pero no es nuevo. ¿Cómo va ser nuevo el jaleo de la vida diaria? ¿Alguien puede concentrase en la lectura del libro de papel si hay que realizar otras tareas a la vez, cocinar, charlar, planchar, barrer? No, hay que aislarse y crear unas condiciones favorables, aunque sean puramente mentales y no solo físicas, como cuando seguimos la novela y no escuchamos el estruendo del Metro que nos lleva al trabajo. La lectura concentrada es una disciplina, fruto del aprendizaje de ciertas técnicas y habilidades que hay que practicar una y otra vez. Si los textos están ahí y hay voluntad de leer, nos inmunizaremos al ruido y aumentará la paciencia cognitiva. ¿Algún lector desconoce todavía qué es el modo avión?

Estamos en una fase de transición y hay que practicar la lectura digital para mejorar nuestra experiencia de ella. En el nuevo mundo digital que estamos explorando los lectores tienen que tomar decisiones que antes le venían dadas por los editores, como los aspectos formales (tipo y tamaño de letra...) o físicos (tipo de soporte o formato); tiene que volverse en cierto modo un experto en lectura digital, como en la infancia se tuvo que convertir en un experto en lectura en papel. Las jóvenes generaciones no conocen la relación entre una cinta casete y un lápiz, pero han aprendido enseguida que en el teléfono, la tableta o el ordenador se pueden leer muchos tipos de textos, que se salta de unos a otros, que mantiene cada uno el punto de lectura, que sentado con el artefacto en las manos, hay un vasto océano de información en la red, que es fácil de navegar, pero muy difícil de transformar en conocimiento. Se necesita formación, se necesita aprendizaje, se necesitan educadores que desarrollen técnicas y las enseñen. Casos prácticos, ejemplos a seguir. Se necesita que los lectores las conozcan y los quieran experimentar.

Grandes expertos están trabajando en estos temas, tanteos en territorio inexplorado, pero que ya va ofreciendo resultados. Un balance técnico del estado de la cuestión aplicado al entorno educativo se puede leer en la obra de José Antonio Cordón et al. (2019: 23) Lectoescritura digital editada por el Ministerio de Educación, donde Javier Merchán y Almudena Mangas señalan lo siguiente.

Los textos impresos mejorados, o facsímiles digitales, constituyen réplicas del texto editado en papel que pueden incorporar una serie de mejoras o prestaciones, sobrevenidas de las plataformas para su distribución o de los formatos y/o dispositivos que los soportan. Algunas de estas prestaciones, quizás las más conocidas, son la posibilidad de incorporar notas, resaltar secciones del texto, realizar búsquedas a texto completo, elaborar guías de estudio o enlazar con otros recursos informativos externos a través de hiperenlaces. Este tipología de textos digitales favorece las disciplinas de carácter teórico, y su implementación en el aula apenas requiere un dispositivo de lectura con una pantalla de calidad (tableta u ordenador) y una buena conexión a internet (McFadden, 2012).

La familiarización con estos textos digitales requiere, no obstante, ciertas competencias digitales e informacionales que el alumno debe adquirir para disfrutar de una experiencia lectora plena. Por su parte, el diseño, elaboración y producción de los textos nativos digitales está orientado, o al menos no incorpora restricciones de partida, a explotar todas las potencialidades (presentes o futuras) que son inherentes al paradigma digital.

¿Qué decir hoy, confinados como estamos, de las prestaciones que aportan las ediciones digitales como recursos web ─es el caso, verbigracia, de todo lo que se publica en nuestra revista─?

La edición nativa digital en el entorno web puede ser actualizada, corregida o desarrollada, tanto en sus aspectos formales como de contenido, sin los plazos temporales ni los costes económicos que exige una eventual nueva edición impresa. De esta manera, es fácil mantener libre de errores o erratas y actualizados los materiales en un ámbito tan sensible a estas exigencias como es el educativo.

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La tipología resumida de la bibliodiversidad actual queda así: impresos, impresos mejorados o facsímiles digitales y ediciones nativas digitales. Este es nuestro mundo.

Retomemos ahora el hilo de más arriba: el formato EPUB no deja de ser una web, escrita en HTML, que ha sido empaquetada para que se pueda dar por cerrada y posteriormente descargar como un archivo que se pueda leer sin conexión. ¿Es posible actualizar un EPUB igual que se actualiza una web? Desde luego, pueden editarse diversas versiones del archivo, que corrijan erratas o actualicen los contenidos, de la misma forma que en los volúmenes impresos hay segunda, tercera... edición ─revisada y ampliada─.

 

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2.6.5. Leyendo EPUB en el teléfono (o la tableta) con FBReader

FBReader es una de las aplicaciones con funcionalidades avanzadas para la lectura móvil. Tiene una versión gratuita y otra versión de pago, con descuento en tiempos de confinamiento, que es con la que vamos a trabajar aquí, aunque la otra es muy similar. También es fácil de configurar (Lectodigitantes, 2017a), como se puede observar en este vídeo que presenta algunos aspectos generales.

Accedamos ahora a la edición digital en EPUB de la novela La de Bringas que el Cabildo de Gran Canaria ha comenzado a volcar en la red a partir de abril de 2020 dentro de la colección Arte, Naturaleza y Verdad, que pretende recopilar la obra completa en ePUB de Galdós. Son ediciones nacidas digitales, pero basadas en otras impresas: en este caso, la editora Yolanda Arecibia reproduce la edición de 1906 (segunda). Tras la descarga y al pulsar en el fichero se abrirá la obra en FBReader.

La interfaz de FBReader nos permite repasar lo discutido hasta ahora y presenta también algunas novedades. Si hemos activado la Sincronización, cada libro que abramos ─porque nos llega anejo en un correo o mensaje, o mediante descarga desde la red─ y tengamos en la Biblioteca local se subirá a la Biblioteca en red, donde permanecerá ─junto con las anotaciones─ aunque borremos el ejemplar local. A pesar de que el terminal se pierda o deteriore, la biblioteca en red lo custodia y puede ser accesible desde cualquier otro terminal.

El Aumentar o Disminuir fuente se complementa con muchas opciones en Ajustes sobre Apariencia, Texto, CSS, Márgenes o Paso de páginas. El editor de la obra marca en la hoja de estilos CSS que viene incrustada en cada archivo EPUB las indicaciones sobre cómo se presentará la obra, que el lector puede dejar en el aire y activar en su lugar las que haya configurado en el dispositivo, como una fuente diferente.

Podemos optar por ignorar la familia de letra original y leer con otra que sea más de nuestro gusto ─escogiendo, por ejemplo, la fuente Literata─ y con un interlineado diferente, actuando sobre la opción Texto. Es importante activar la separación automática de sílabas ─prestación que como hemos visto no suele ofrecer la lectura web─, el silabeo que favorece la legibilidad de cualquier texto y que es un rasgo de buena maquetación en los impresos.

Por defecto viene activada la lectura horizontal en el paso de páginas, pero permite desactivarla y, por tanto, es viable la lectura vertical.

Todas las obras suelen tener una página con el índice de la obra, pero los EPUB tienen además una opción con la Tabla de contenido (TDC) y otra con la Información del libro (metadatos) accesibles mediante la interfaz de la aplicación. La lectura en voz alta (Read aloud) es una prestación implementada recientemente. Por último, una pulsación larga sobre el texto permite seleccionarlo, copiarlo, compartirlo, crear marcadores o buscar en diccionarios internos o en internet.

La aplicación que hemos descrito permite, como otras análogas, una lectura digital móvil cómoda, agradable, personalizada e intensa, si se prefiere. Podemos pasar de un libro a otro y retomar los puntos de lectura donde los dejamos. Las obras están conectadas con el entorno digital (diccionarios, búsquedas, notas) pero mantienen su compostura de obra unitaria. Es fácil distraerse, pero también es fácil hacerlo en nuestro sitio preferido de lectura en el hogar con el ejemplar impreso entre las manos, con el trajín de vivir conectados. Abstraerse, concentrarse es ahora más difícil, pero los textos están ahí, para cuando queramos llamarlos.

 

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2.6.6. Leyendo EPUB en el navegador

El futuro de la lectura digital está en usar los navegadores para leer todo tipo de textos, en todos los formatos, incluidos los EPUB. Casi todos los dispositivos, fijos o móviles, que tengan conexión disponen de alguno. Pero los navegadores actuales no leen directamente el formato EPUB, hay que recurrir a un tercero para hacerlo posible.

Hay aplicaciones para dispositivos móviles como Google Play Libros, o eBiblio o Leer Amazon (Kindle) que tienen sitios web que permiten a los usuarios la lectura en el navegador, con una interfaz simple, pero efectiva. Por ejemplo, al entrar con una cuenta en Mi colección de Google Libros, el botón Subir permite incorporar el fichero de La de Bringas que hemos descargado desde la web y leerlo en el navegador. Un botón superior abre los ajustes de visualización, que son limitados, pero que seguro que se irán diversificando con el tiempo. Se puede optar por lectura compaginada ─dado el ancho de la pantalla─ o por página única.

La pulsación larga sobre una palabra o un párrafo abre asimismo diversas opciones.

 

Otra posibilidad de lectura en la que no hay que tener cuenta de usuario la ofrecen las extensiones o complementos para el navegador como Readium o EPUBReader en Chrome o Firefox. A día de hoy (¿mañana?) esta última interfaz es como sigue, tras abrir el fichero descargado de La primera República de la colección digital del Cabildo canario: se presenta a tres columnas y con un cuerpo de letra reducido, incómodo para algunos.

Sin embargo, en la parte inferior de la pantalla se encuentran las Preferencias de configuración que permiten personalizar la lectura y escoger el tipo de letra, su tamaño, los márgenes, el interlineado o el Estilo de lectura: de Página Web o de Libro, con un ancho de columna al gusto de cada uno.

Por último, hay que mencionar que calibre tiene un servidor de contenidos con un visor para leer en el navegador, que los más avezados pueden probar.

El Servidor de contenidos de calibre le permite acceder a las bibliotecas de calibre y leer libros directamente en un navegador, en un teléfono móvil o en un dispositivo portátil. Por lo tanto, no necesita instalar ninguna aplicación específica para leer o administrar libros. No tiene más que usar el navegador. El servidor descarga y almacena el libro que esté leyendo en un caché local, así que puede leer incluso si no tiene conexión a Internet.

 

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3. En resumen: leer a Galdós en tiempos de confinamiento

Confío en que el lector haya salivado con el recorrido que hemos hecho en los apartados anteriores y no esté aturdido con la colección de gestos que hemos descrito: ¡con lo fácil que es pasar las páginas de papel, sin tanta matraca, y en contraste con lo anterior, la cuesta arriba de aprendizaje que depara la vida digital! Por supuesto que estamos de acuerdo en que si todo fuera más sencillo sería todo más fácil y no sufriríamos los dolores de espalda y las contracturas que padecemos al intentar asimilar tantas novedades digitales. Pero así es la vida, que no se detiene a confirmar si ya conocemos sus reglas: un microbio diminuto que no está ni vivo ni muerto ─como don Quijote no está ni loco ni cuerdo─ las está cambiando en todo el mundo desde hace meses. ¿Cómo vamos a quedarnos en la orilla de nuestro océano de ignorancia? Naveguemos, naveguemos.

Confinados, pero sosegados y conectados, podemos leer al Galdós de muchas maneras: buscando términos en el diccionario, subrayando textos, tomando notas, leyendo en diagonal e investigando, incluso editando una dedicatoria. Veamos algunas.

 

3.1. Galdós en el ordenador

3.1.1. Galdós para bachilleres

Comencemos por un Galdós para bachilleres: una edición editada por la Junta para Ampliación de Estudios e Instituto-Escuela en 1922 dentro de la Biblioteca Literaria del Estudiante, que tuvo una segunda edición ampliada en 1935. El CSIC, que hereda históricamente al primero de los organismos, ha digitalizado toda la colección y la ha puesto en línea. El volumen de Galdós: selección hecha por Margarita Mayo; dibujos de F. Marco está, como los otros, ilustrado y tiene una selección de textos de diferentes obras, pero es la prosa del maestro, no resúmenes o refritos. La colección estaba dirigida por Ramón Menéndez Pidal con la finalidad de que los bachilleres pudieran leer a clásicos y modernos en ediciones impecables pero también accesibles tanto al intelecto como al bolsillo. A las ediciones de los años 20 siguieron otras una década después, las ediciones republicanas, como la de Galdós u otras como Cervantes: Don Quijote de la Mancha o Cervantes: novelas y teatro. La biblioteca Tomás Navarro Tomás del CSIC presenta las ediciones digitales en dos formatos: PDF y lectura en línea en el navegador, con esta interfaz ─no muy cómoda─ a pantalla completa para el ordenador.

Este es el índice, si se quita la opción de pantalla pequeña.

Para leer y anotar siempre queda la posibilidad de descarga del pdf y su apertura con algún programa lector del ordenador, como ya sabemos.

 

3.1.2. Galdós con diccionario

¿Se puede cumplir el venerable sueño de maestros y profesores y de los lectores concienzudos de leer con diccionario? Ya hay una manera digital de alcanzar ese sueño.

Si abrimos con calibre el EPUB de La de Bringas podemos activar acto seguido la lectura con el Diccionario en línea de la Lengua Española de la Real Academia (Lectodigitantes, 2020). Hay que pulsar en el botón de Consultar palabras de la barra de herramientas y como consecuencia se abrirá un panel, en el que deberemos Añadir más orígenes y pegar la dirección web que realiza la búsqueda en línea del texto seleccionado:

https://dle.rae.es/{word}

El resultado es comodísimo: con dos pulsaciones se muestra el resultado, como en este ejemplo con «coturnos»:

Mejor todavía si se da espacio suficiente al panel del diccionario, para poder leer los resultados de un vistazo, ensanchándolo o pulsando encima con botón derecho Alejar para reducir el cuerpo de la letra.

 

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3.1.3. Galdós autógrafo

Las digitalizaciones llevadas a cabo por las instituciones nos permiten un placer antes reservado a una minoría exigua: el de leer al autor en su propia letra manuscrita, cuando la tinta todavía ardía con el esfuerzo de la creación. Por ejemplo, intentemos responder a la pregunta sobre cómo redactó don Benito el intrigante final de la serie de novelas sobre Torquemada, en que aparece la famosa «conversión», que reza así en la edición impresa de 1895 de Torquemada y San Pedro digitalizada en facsímil por la Biblioteca Nacional:

La Biblioteca Digital Hispánica cuenta asimismo con el manuscrito autógrafo, fechado el mismo año, y cuyas dos últimas páginas, escritas con la letra menuda pero legible del autor, son así, con los arrepentimientos y correcciones que se pueden ver. Que el lector curioso compare ambas versiones y extraiga conclusiones.

En la edición impresa se puede leer:

Ante el arcano que cubre, como nube sombría, las fronteras entre lo finito y lo infinito, conténtese el profano con decir que, en el momento aquel solemnísimo, el alma del señor Marqués de San Eloy se aproximó á la puerta, cuyas llaves tiene... quien las tiene. Nada se veía; oyóse, sí, rechinar de metales en la cerradura. Después el golpe seco, el formidable portazo que hace estremecer los orbes. Pero aquí entra la inmensa duda. ¿Cerraron después que pasara el alma, ó cerraron dejándola fuera?

De esta duda, ni el mismo Gamborena, San Pedro de acá, con saber tanto, nos puede sacar. El profano, deteniéndose medroso ante el velo impenetrable que oculta el más temido y al propio tiempo el más hermoso misterio de la existencia humana, se abstiene de expresar un fallo que sería irrespetuoso, y se limita á decir:

«Bien pudo Torquemada salvarse.

«Bien pudo condenarse.

Pero, no afirma ni una cosa ni otra... ¡cuidado!

Madrid.—Enero-Febrero de 1895.

Y se lee lo siguiente en el manuscrito (sin incluir las tachaduras, más difíciles de transcribir, ni las correcciones a lápiz):

Conténtese el profano, ante estos misterios del tránsito de la vida finita a la infinita, con decir que en el momento aquel solemnísimo, el alma del señor marqués de San Eloy se aproximó a la puerta cuyas llaves tiene quién las tiene. Nada se ve. Oyóse sí, rechinar de metales en la cerradura. Después el golpe seco, el formidable portazo que hace extremecer los orbes. Pero aquí entra la inmensa duda. ¿Cerraron después que pasara el alma, ó cerraron dejándola fuera?

De esta duda, ni el mismo Gamborena, San Pedro de acá, con saber tanto, nos puede sacar. El profano, deteniéndose [tachadura] respetuoso ante el majestuoso velo que oculta el más temido y al propio tiempo el más hermoso misterio de la existencia humana, se abstiene de expresar un fallo que sería irrespetuoso, y se limita á decir:

«Bien pudo Torquemada salvarse.

«Bien pudo condenarse.

Pero, no afirma ni una cosa ni otra... ¡cuidado!

Fin de Torquemada y San Pedro

Madrid—Enero, Febrero de 1895

¡Ah, las correcciones! Me alerta mi maestro Luis, que Galdós escribió «extremecer», pero publicó «estremecer».

 

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3.1.4. Madrid galdosiano

Una perspectiva distinta para leer a Galdós es la de deambular por los escenarios de su obra, de la mano de sus personajes. Durante el confinamiento no es mala manera de salir a pasear.

La Guía del Madrid galdosiano de Miguel García-Posada muestra la geografía literaria de nuestro autor (Fernández Delgado, 2014). Que si nos referimos a Madrid, esta sería su topografía, tal y como la muestra el PDF en la visión compaginada: los círculos aluden a los espacios en los que suceden los capítulos de la obra.

Por ejemplo, el capítulo 3 está dedicado a la Plaza Mayor, donde vivía Fortunata. Todavía hoy, el ascenso por una escalera real nos puede hacer viajar a 1869, cuando Juanito Santa Cruz conoce a Fortunata.

La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico
arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural.

Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.

Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.

─No sé cómo puede usted comer esas babas crudas ─dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.

─Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? ─replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba. Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no; le repugnaban los huevos crudos.

─No, gracias.

Hoy día, se puede encontrar un mapa con el Madrid de Fortunata y Jacinta en Google Maps.

 

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3.2. Galdós en el teléfono o la tableta

3.2.1. Una biblioteca en la palma de la mano

El teléfono o la tableta (y el ereader) son los mejores representantes de la lectura móvil, es decir, la que se puede desplazar de un lado a otro, ya que son soportes físicos que se parecen en la forma al códice impreso y, como él, son fácilmente transportables. Sin embargo, les caracteriza una cualidad que el volumen suelto de papel no posee: la de ser bibliotecas enteras que se mueven, ya que los dispositivos pueden almacenar cantidades ingentes de textos distintos digitales (cientos, miles) o acceder en línea a colecciones gigantescas, donde escoger la lectura preferida. Sí, una biblioteca en la palma de la mano, en la que es fácil pasar de una lectura a la anterior o a la propia Biblioteca, alternando textos, pulsando en el botón de volver en FBReader, por ejemplo:

 

3.2.2. Búsquedas en diccionarios e Internet

La pulsación larga permite seleccionar un término y buscarlo en un diccionario o en la web. Al parecer, el desarrollador de la aplicación va a implementar el Diccionario de la Lengua Española ─como hizo calibre─; de momento, la aplicación ColorDict combinada con algunos diccionarios ─como el MiniRAE─ permite salir del paso (Lectodigitantes, 2017a).

 

Al pulsar en el icono se activa la aplicación diccionario que se tenga seleccionada y muestra resultados en una pantalla emergente. Una nueva pulsación la quita de la vista, para proseguir la lectura.

El icono del globo terráqueo permite enlazar el texto seleccionado con una búsqueda en Internet que amplíe nuestra comprensión, aunque también nos distraiga, como subrayan algunos apocalípticos olvidándose de que leer es distraerse con las resonancias que produce la lectura en nuestras mentes, que cuanto más leídas sean, más intensas son las ondas, y más hondas. El placer de disfrutar de los efectos de la piedra arrojada en el estanque, de la multiplicación del significado, es insuperable.

 

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3.2.3. Búsquedas internas

Otro placer, que en el papel lo producen los índices de términos o analíticos que algunos libros tienen ─muy pocos─, se puede disfrutar en todas las ediciones digitales: la búsqueda de las veces que aparece un término en el texto y dónde ocurre precisamente.

Esta posibilidad se convierte en una ayuda inestimable para la investigación. Veamos un ejemplo: ¿qué idea presenta Galdós de Goya en los Episodios Nacionales? ¿Cuántas veces aparece su nombre propio, en qué contexto? ¿Era Galdós consciente de la valía universal de Goya en la doble faceta de creador público y a la vez creador de un mundo propio privado de inmenso valor?

Podemos abrir cada tomo de los Episodios en EPUB y utilizar la búsqueda del término Goya para localizar las veces y los contextos.

El nombre Goya no aparece en Trafalgar, lo hace siete veces en La Corte de Carlos IV (como pintor cortesano que adorna salones y fiestas); una sola en El 19 de marzo y el 2 de mayo («[la multitud]...escupía en los cuadros de Goya...»; ninguna en el resto de los títulos de la primera y segunda series que cubren la vida de Goya, salvo una alusión de pasada en Los apostólicos. Pues así es, un resulltado decepcionante,pero que es una demostración de que el talento de Goya como hoy lo entendemos fue un descubrimiento muy posterior no solo a su vida sino a la divulgación de su obra gráfica inédita, estampas y dibujos.

¿Y Galdós como editor de sus propias obras? Se refiere a ello en Memorias de un desmemoriado (1915), donde el término editor aparece seis veces:

 

3.2.4. Creando marcadores

Imaginemos ahora una búsqueda con la finalidad de conservar los resultados, como la de investigar qué cafés de Madrid aparecen citados en alguna obra señalada. Abramos el ejemplar en EPUB de Fortunata y Jacinta de Project Gutenberg. Cuando aparece el término café podemos seleccionar el párrafo y guardarlo como marcador pulsando en .

La colección de marcadores que hagamos de un libro se guardan en la nube sincronizada de nuestra cuenta en la aplicación y podemos recuperarlos en cualquier dispositivo en el que abramos la obra con la aplicación y la cuenta. Pero el uso más inmediato de los marcadores es recordar y acceder rápidamente a los textos que hayamos escogido guardar como tales marcadores. Utilísimo en las relecturas rápidas.

Los marcadores se pueden jerarquizar con un estilo de color que nos indique su nivel de importancia, en este caso, los párrafos en los que el café tiene nombre propio.

 

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3.2.5. Tomando notas

Para terminar, el menú contextual del párrafo seleccionado permite Compartir fácilmente el texto mediante el icono , es decir pegarlo en otra aplicación: puede ser en un mensaje de correo o de chat o una aplicación para tomar notas, donde además podemos escribir y comentar lo que se tercie.

Ese ansia de señalar los párrafos significativos y tomar notas para el futuro se nos despierta sin remedio al leer la última biografía sobre nuestro autor, que ha escrito Francisco Cánovas Sánchez, titulada Benito Pérez Galdós: vida, obra y compromiso (2019), y que se puede comprar y descargar en EPUB por 14,24 € en la librería virtual de la Casa del Libro, por ejemplo, pero sin salir de la nuestra.

El biógrafo describe la entrevista de Galdós ─que sentía simpatía por ella─, con la exiliada Isabel II en París: «Sé que lo he hecho mal, muy mal...»

3.2.6. Editando libros en EPUB

Dejaremos para próxima ocasión la explicación de cómo editar libros en formato EPUB que no estén cifrados, para mejorar aún más nuestra experiencia de lectura o para escribir en ellos una dedicatoria personalizada que nos valga para hacer llegar a un ser querido.

El lector atrevido puede intentar hacerlo con algunos programas abiertos, como el editor de calibre o Sigil.

 

3.2.7. Lectura nocturna

Se nos olvidaba. El pariente o la parienta, o nuestros mismos ojos cansados agradecerán que utilicemos el modo de lectura nocturna, que escribe el texto en blanco sobre fondo negro.

Buenas noches, don Benito. Y gracias.

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4. Recursos digitales sobre Galdós

4.1. Bibliotecas digitales

El catálogo de su obra en el portal incluye: Episodios nacionales (Primera serie, Segunda serie, Tercera serie, Cuarta serie, Quinta serie), Novelas (Serie de la primera época, Serie contemporánea), Teatro, Narrativa breve, Discursos y Ensayos y Obras inéditas.

La BDH permite tanto la lectura en línea de cada obra mediante una interfaz web, como la descarga parcial o total de la misma en los formatos PDF, JPG o TXT, para una lectura sin conexión. El rasgo principal de la BDH es que contiene ediciones facsimilares de las obras pero con texto electrónico. Consultado el 18 de marzo de 2020.

4.2. Ediciones digitales singulares

 

4.3. Diccionarios en línea

 

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4.4. Bibliografía

 

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4.5. Créditos del artículo, versión y licencia

FERNÁNDEZ DELGADO, Javier (2020). «Recursos digitales para leer a Galdós». Letra 15. Revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» de Madrid. Año VII. Nº 10. ISSN 2341-1643 [URI: http://www.letra15.es/L15-10/L15-10-41-Javier.Fernandez.Delgado-Recursos.digitales.para.leer.a.Galdos.html]

Recibido: 14 de abril de 2020.

Aceptado: 28 de abril de 2020.

 

Licencia Creative Commons: Reconocimiento – CompartirIgual (by-sa): se permite el uso comercial de la obra y de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original.

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